Mayo de 2006. Número 19
Huelga de muerte
Al día siguiente no murió nadie”. Con esta frase comienza una brillante sátira sobre el ser humano y su destino. La vida humana concebida como un contrato temporal establecido con el tiempo, donde la figura de la muerte es la única empleada con contrato fijo. Y un día la parca decide ir a la huelga, negándose a recoger a quienes exhalan el último suspiro. Una insólita idea-catapulta como ésta da lugar a una intriga por donde deambula la sociedad como un personaje coloreado con fábulas y donde la muerte nos da más sorpresas de las que nos tiene acostumbrados.
¿Cómo reaccionarían los obispos y los gobernantes, las empresas aseguradoras, las residencias de ancianos o los mass-media...?, ¿estaría preparada la sociedad, que tantos trabajos limpios y negocios sucios tiene abiertos con la muerte, para afrontar un paro de la guadaña?, ¿sería realmente la consecución del mayor de los deseos humanos?, ¿existe hoy algún lugar reservado para la vida en el laberinto que va desde nuestra jornada de trabajo a nuestra jornada de consumo?
Escrita con una gran dosis de ironía y sarcasmo, el ingenio mordaz de Saramago nos invita a pensar y a disfrutar de su lectura tanto como asegura él que se divirtió escribiéndola, con la única certeza de que el amor representa la más firme resistencia ante la muerte.
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