Selección de mis trabajos publicados en el periódico quincenal de información crítica Diagonal desde el año 2006

9/05/2010

Reportaje sobre el cine en el Estado español

Enero de 2007. Número 46

PANORAMA LABORAL CINEMATOGRÁFICO ESPAÑOL

La mítica del cine y el trabajo

El 28 de enero se celebrará en Madrid la XXI Edición de los Premios Goya, galardones anuales que otorga la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España a los profesionales mejor valorados en cada una de las especialidades del sector. Una ocasión idónea para profundizar en las condiciones laborales del mundo del cine en nuestros días.

Cuando nos interesamos por la salud de nuestro cine, lo primero que hacemos es echar un vistazo a la cartelera. El porcentaje de taquilla del cine español en el Estado viene a estar, en los últimos años, entre un 10% y un 20% de la recaudación total. Desde DIAGONAL nos adentramos en el universo cinematográfico español de los contratos de fin de obra y las jornadas extenuantes.

José Ángel Lázaro es realizador de la productora 14 Pies Audiovisual de Madrid, y profesor de la Escuela Taller de Cine de Madrid. Entre sus muchos trabajos, destaca el documental que codirigió en 2003, 20-J. Diario de una huelga general. Él nos cuenta: “Yo creo que el mundo del cine es quizá el único sitio donde se asume trabajar tantas horas gratis. La mítica del cine, la cuestión cultural de salir en una película, hace que la gente asuma no cobrar por participar en una peli. Por ejemplo, existe una ley no escrita en el mundo del cortometraje, según la cual, el trabajo en el corto se paga poniéndote en el título de créditos. Y, ante esa realidad tan contradictoria, “no parece haber una respuesta contundente”.

Intermitentes del cine

Hace dos años y medio, un grupo de técnicos cinematográficos (colectivo laboral poblado en su inmensa mayoría por trabajadores eventuales que viajan de obra en obra) inició la aventura de relanzar el sindicato de Técnicos Audiovisuales Cinematográficos Españoles (TACE). Su principal objetivo, protegerse de los abusos que ellos sufren doblemente, ya que por su condición de eventuales no pueden formar comités de empresa estables. Jornadas laborales extenuantes, trabajo en días festivos sin ningún tipo de compensación, salarios retrasados, aplazados o cada vez más frecuentemente impagados... Y sobre todo, un desprecio total por las categorías profesionales de cada trabajador. TACE promueve la negociación de un convenio colectivo que regule las relaciones laborales de una manera justa y equitativa para que nada quede “a juicio de la productora, como tantas veces queda”.

Un caso práctico: cuando un cineasta tiene ya su guión escrito, su plan de rodaje pensado y quiere hacer real la película... ¿qué hacer? La respuesta es sencilla: pedir ayuda. Las películas necesitan de las subvenciones para nacer, como los seres humanos el aire para respirar: hacer cine resulta un arte muy costoso. Durante el año se hacen convocatorias públicas de distintos organismos (comunidades autónomas, Ministerio de Cultura, Unión Europea...) en forma de becas, subvenciones, créditos... Y, lo que es común a todas (ya se quiera hacer un corto, un documental, un largometraje...) es que hay que presentar a las instituciones convocantes un proyecto con su respectivo presupuesto y plan de financiación. La ayuda concedida cubrirá un porcentaje del mismo, nunca más del 50%.

Como en tantas otras disciplinas, el mundo del cine lo forman las grandes productoras, las medianas y las pequeñas. Y éstas últimas protestan porque las ayudas van a parar siempre a los mismos, imposibilitando otro modelo de cine, o el descubrimiento de jóvenes artistas.

Cuando una pequeña productora, por ejemplo, quiere hacer un corto para el que ha calculado unos gastos de 28.000 euros y recibe una ayuda de 6.000, tendrá que replantearse su proyecto. Lo que quería que fueran dos semanas de rodaje, deberá reducirse a una; donde había pensado trabajar con 12 personas, el equipo se reducirá a casi la mitad; y si quiere que técnicos y artistas cobren por el trabajo... sencillamente no podrá llevar a cabo la película. Comienza entonces un baile de números y fórmulas, desde pedir prestado el material (cámaras, focos, máquinas...) a pedir una colaboración gratis a actores, músicos, técnicos... Otra salida posible es grabar con tecnología digital (más barata), pero las instituciones exigen la entrega de material en formato 35 mm., y solamente pasar el vídeo a ese formato en un laboratorio puede costar la ayuda total conseguida.

La salida de las productoras acaba siendo inflar los presupuestos para que la ayuda que llegue pueda hacer real el proyecto. Así existe una doble contabilidad, una real y otra ficticia (la oficial) sobre la cual ajustarlo todo hilando fino para realizar la obra.

La cámara y el trapecio

Aunque cada productora cinematográfica tiene su propia política al respecto, el problema al que se enfrentan todas es el mismo: lanzarse a hacer una película resulta ser como tirarse a una piscina, y el desenlace es incierto. Frecuentemente, en las primeras semanas de rodaje, éste se suspende por falta de fondos y la película se muere. Así, Carmen Frías, de TACE, nos comenta: “Todos los días hay alguna consulta a nuestro gabinete jurídico. Principalmente versan sobre irregularidades en los contratos de trabajo, suspensión de rodajes, Seguridad Social o demás irregularidades laborales como jornadas abusivas, desplazamientos, dietas...”. En la web de TACE (tace.es) podemos encontrar distintas notas de prensa que van haciendo un seguimiento de los procesos judiciales que el equipo de abogados del sindicato abre contra las productoras que, una vez suspendido un rodaje, no pagan los sueldos adeudados a los trabajadores. En estos casos extremos, la mayoría de la plantilla se une en torno al impulso sindical, y el camino, aunque tedioso, suele resolverse con el pago de las cantidades adeudadas.

Al tratarse de un mundo tan dispar (no hay más que imaginarse la diversidad de presupuestos, desde el largometraje comercial de éxito asegurado en taquilla a los injustamente infravalorados cortometrajes o documentales) parece normal asumir también que la ley y los convenios existan, aunque lejos, como en otra película. En el mundo del largometraje es más fácil que se respeten los derechos laborales, pero a medida que ‘descendemos de nivel’, las irregularidades se multiplican. En lugares como EE UU, donde la presión sindical es muy fuerte, los convenios del mundo audiovisual se cumplen al pie de la letra, y a una productora no le salen rentable las horas extras de sus trabajadores, que están completamente profesionalizados. Sin embargo, la situación española es equiparable a la escena francesa y sus ‘intermitentes del espectáculo’, en continua lucha contra el fantasma de la precariedad.

En estos momentos, el Ministerio de Cultura incuba la nueva Ley del Cine, de la que posiblemente en febrero se dará a conocer un texto definitivo. No parece que vaya a suponer la solución a los problemas de los altos costes de producción, ni que vaya a aportar un incremento sustancioso de las ayudas a la creación cinematográfica.

CINE, JUVENTUD Y GÉNERO

Para Lázaro, “hace unos diez años, los jóvenes estaban en la parte creativa y menos técnica del cine, y en minoría. Era claramente un sector masculino. Sin embargo, a día de hoy, la juventud se ha extendido espectacularmente a todos los departamentos, y la mujer hoy en día llega a igualar o superar el número de hombres, aunque en los puestos directivos el ritmo es más lento”. Para Frías, (TACE), “cada vez se incorporan personas más jóvenes pero menos cualificadas a puestos de responsabilidad. Es una de las formas que tienen las productoras de abaratar costes para incrementar sus beneficios”.

LA COMPLEJA HISTORIA DE TACE

El sindicato de técnicos audiovisuales nació como sindicato corporativo frente a las centrales sindicales de clase en el año 1978. Pero, como si de una vuelta a la tortilla de la historia se tratara, en los últimos años, y sobre las certezas de que el sindicalismo mayoritario no pretende combatir este tipo de precariedades (centrado como está en las necesidades de los trabajadores fijos), un grupo de profesionales puso a la adormilada ejecutiva patas arriba y se presentó bajo estas siglas a las elecciones sindicales con reivindicaciones ambiciosas. Y los buenos resultados les animaron a seguir. Desde entonces no han parado de dar guerra sobre un lema que simboliza una declaración de amor: “La defensa de nuestros derechos es la defensa de nuestro cine”. Denuncian que su talón de Aquiles es la Ley de Libertad Sindical, que les niega la legitimidad necesaria para sentarse de igual a igual en la mesa de negociación del convenio colectivo, por su condición de trabajadores eventuales (se exigen seis meses de antigüedad en la misma productora para la celebración de elecciones sindicales previas a la creación de comités de empresa). Recientemente, TACE ha ingresado como miembro de la corriente sindical internacional Union Network Internacional-Global Union, que agrupa a más de 15 millones de afiliados y 900 sindicatos en todo el mundo (130 de ellos pertenecientes a los sectores del arte, audiovisuales, cultura, entretenimiento y medios).

No hay comentarios:

Publicar un comentario