Selección de mis trabajos publicados en el periódico quincenal de información crítica Diagonal desde el año 2006

9/05/2010

Entrevista a Eduardo Galeano, escritor

Junio de 2008. Número 80

Los pasos de la poesía andante por la memoria del fuego

Acaba de terminar la gira de presentación de ‘Espejos’, que le llevó por todo el Estado durante abril y mayo. El autor de ‘Las venas abiertas de América Latina’ y ‘Patas arriba’ dedicó un ratito a DIAGONAL para hablarnos de periodismo, historia y literatura.

Dice estar contento de este viaje que le ha hecho recorrer la península llenando teatros y recintos (en Santiago contaron 1.500 personas en el Auditorio y ha sido una de las firmas más deseadas en las ferias del libro en Madrid, Barcelona o Sevilla). Él está convencido de que “este mundo lleva otro mundo posible en la barriga”, y como si de una metáfora de su metáfora se tratara, quienes le han dado su cariño en este camino eran, en su inmensa mayoría, jóvenes. Gran conversador, muy cercano cuando habla, mira profundamente con sus ojos azules pintados de horizontes y piensa cada palabra como si estuviera modelando figuras de barro.

El niño rebelde

Galeano se crió en un ambiente de profundas convicciones católicas, pero “no me fue bien con la santidad”, dice. Siempre tenía una pregunta contestataria en el aula, y desde muy chiquito supo que estaba “destinado a ser expulsado de la clase”. Esas preguntas no han dejado nunca de acompañarle. Su educación universitaria transcurrió en los cafés de Montevideo. Comenzó a trabajar muy temprano y a militar en organizaciones políticas, lo que le llevó a estar preso, primero en Uruguay y después en Argentina, antes de su exilio a Barcelona a finales de los ‘70. Y es en Barcelona donde decidió llevar a cabo el lanzamiento mundial de su último título, que “quiso ser el libro de los nadies, de los no escuchados”.

Galeano es un activista de la memoria: él prefiere dar voz a los protagonistas de hoy y de ayer, caminantes de la historia, y desconfía de los futurólogos: “Ése es el drama de los intelectuales, quieren creerse con el derecho a decidir la historia, cuando los verdaderos protagonistas son la gente que trabaja, que son anónimos, y son los que merecen respeto y atención. Yo escribí este libro tratando de escuchar esas voces no escuchadas y de ver esas imágenes no vistas, de los anónimos que hacen la historia sin saber que la hacen. Y esa multiplicidad de puntos de vista requiere mucha humildad: saber que somos un pedacito de algo mucho más grande y ubicarte en un lugar desde el cual puedas de veras escuchar y mirar. Para eso hay que lavarse los ojos y los oídos, los oídos taponados de todos los prejuicios acumulados durante siglos… Y las telarañas que te impiden ver todo el arco iris terrestre en su luminoso esplendor, que son el machismo, el racismo, el militarismo, el elitismo...”. Dice que uno escribe “para abrazar a gente que no conoce y ser abrazado por ella”. Para él, la literatura latinoamericana es una “voz de voces” que da la diversidad de un continente “con amplias reservas de dignidad”.

Presencia de las mujeres

La revolución que salió menos herida del siglo del viento fue la lucha de las mujeres, uno de los ejes narrativos en la obra de Galeano. “Y este libro”, nos dice, “es una tentativa de ver a la mujer de otra manera, porque la mujer fue concebida hasta ahora por la historia oficial como sombra fiel del prócer o como objeto decorativo. Y la verdad es que las mujeres han sido muy importantes en todos los procesos que hicieron lo posible para que el mundo cambiara. Entre ellas está la militante revolucionaria Olimpe de Gouges, que cuando la revolución francesa proclamó en 1793 su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, ella propuso una Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana y le cortaron la cabeza en la guillotina. Yo pienso que ese tipo de cosas deben ser reconocidas, para que ahora, que las mujeres ocupan un lugar por lo menos mejor del que ocupaban, se sepa que no fue un camino regalado por nosotros, los machos… sino que fue un proceso de lucha, un camino conquistado”.

Cada vez que Galeano escribe, intervienen mujeres como en un círculo mágico que se abre y le abriga. Cuenta que Helena Villagra, su compañera, le acompaña durante todo el proceso de creación, y sabe que después sus libros caen, mayoritariamente, en manos de ellas. “Yo les decía a los de Sant Jordi que cuidado con las tradiciones, que provienen también de prejuicios acumulados. Y eso de regalarle al hombre un libro y a la mujer una flor no tiene nada que ver con la realidad: en la realidad la que lee es ella, y en todo caso, la flor debería ser para él, a ver si deja de ser un tarzán invulnerable y se enternece un poco”.

Periodismo profesional

“Hacer periodismo crítico es muy difícil, porque los espacios abiertos a la independencia en el mundo más transitado de la comunicación periodística, que serían los periódicos, se han reducido muchísimo en relación a lo que eran al final de la segunda guerra mundial. Yo he dirigido mil revistas y diarios y semanarios alternativos, y esto de ustedes me resulta conocido”, dice. Y nos cuenta su elección personal: “Nunca quise ser un profesional del periodismo, en el sentido de entrar en la empresa que mejor me podía pagar y recibir el mejor sueldo, y después preguntar si tenía que escribir a favor o en contra. Nunca quise aceptar eso”. Eso sí, comenta esperanzado que “a pesar de que los medios de producción de opiniones y de informaciones están cada vez más concentrados en pocas manos, lo que ha ocurrido de bueno es la apertura de nuevos canales de comunicación, frente a las cuales yo tuve todos los prejuicios que ustedes puedan imaginar, y que he ido venciendo. Pero vía internet se han abierto algunos caminos de comunicación sorprendentes. Vamos a ver hacia dónde conducen, pero por lo menos han permitido que algunas voces, que antes resonaban en campana de palo, tengan ahora una difusión que está más cubierta. Y eso me parece muy positivo”.

Otro mundo es posible

En la era del miedo global, le pedimos a Galeano que nos recomiende uno de sus Espejos para contarle a un bebé que acaba de llegar al mundo. Y nos cuenta “Objetos perdidos”: “Es verdad que, cuando yo era chico, creía que todo lo que en la Tierra se perdía iba a parar a la Luna. Después vi a los astronautas que fueron y no encontraron allá ningún objeto perdido en la Tierra.

Y, sobre todo, no encontraron ni esperanzas traicionadas, ni ilusiones perdidas, ni promesas vendidas… Nada de eso había en la Luna. Y yo pienso que todo eso está en la Tierra. Quizá está escondido esperándonos. Entonces yo le diría al niño, a medida que va creciendo: ‘bueno, ya ves, si todo eso está escondido, te está esperando a ti que estás recién iniciando este camino. Que las encuentres, a esas esperanzas y a esas ilusiones, y que las eches a andar”. Acto después, comenzó su recital de Madrid con una emotiva dedicatoria “a la memoria de los republicanos españoles exiliados en Uruguay, que me enseñaron la dignidad de los vencidos”.

Entrevista a Manuel Rivas, escritor

Noviembre de 2006. Número 42

“La literatura no debe aceptar los pactos de silencio que se dan en la sociedad”

En estos días se cumplen cuatro años del desastre ecológico del Prestige, y el aniversario coincide con la desolación de una tierra quemada durante el verano, cuyas cenizas fueron arrastradas posteriormente al mar para calvario de la naturaleza...

Según Rivas, “se vive la paradoja de que la idea más interiorizada que tenemos de Galicia es una estampa bucólica: el país verde, de naturaleza, de mar; una naturaleza muy singular y muy poderosa. Y asistimos a una especie de maldición bíblica, una ‘negra sombra’, como decía el poema de Rosalía.

Pero es que Galicia se encuentra un poco en primera línea de la sociedad de riesgo. Entró en el siglo XXI con tres crisis muy graves que afectan a lo que Castelao llamaba la ‘santísima trinidad’ de Galicia, los tres tótems que podrían figurar si hubiera unas monedas gallegas: el árbol, la vaca y el pez. Las mareas negras, la llamada peste de las vacas locas con sus piensos fraudulentos, y después los incendios.

Galicia está actuando como una metáfora de lo global, del modelo de globalización que se está dando, ya que no son crisis que podamos atribuir a un dios eternamente enojado, sino que tienen que ver con la acción humana. Pero lo más significativo es que no se ha aceptado ese papel mediático de ‘Galicia: yacimiento catastrófico’ como lo que decía Baudrillard para África. Si algo ha caracterizado a Galicia en muchos momentos históricos ha sido una capacidad de rebelión frente a esa fatalidad”.

Libros incombustibles

Rivas aprendió el oficio “de los que escribían en el aire”, los narradores orales. Recuerda que “mi primer libro fue la memoria de mi madre”. Los poemas de la madre, las historias de nuestros abuelos, ¿no se perdieron en la hoguera de una escuela de megacentros comerciales y videojuegos? Rivas responde, esperanzado: “Es verdad que esa impaciencia capitalista es como si se interiorizara un poco en todos, condicionando el propio lenguaje y la relación entre las personas, los ámbitos comunitarios... Hay momentos en que parece que la desesperación puede más que la esperanza. Pero yo creo que los espacios de esperanza tampoco son tan fáciles de anular. Incluso en esas condiciones de interiorización de la impaciencia, en que el propio cuerpo se siente absolutamente incómodo o huérfano, con espacios de desolación. Pero no creo que las madres dejen de contar historias. Y en todo caso, a veces no son las madres, siempre hay alguien que trasmite un relato, o formas de relato. Yo creo que a lo que no renuncia el ser humano ni siquiera en estas condiciones tan adversas es a los cuentos. Y los cuentos se trasmiten porque la vida tiene vocación de cuento y a veces lo hace de la forma más insólita e imprevisible. Y siempre hay alguien que hace de caracola.

Siempre hay un hilo de leche, la idea aquí de la madre con la memoria sería como el hilo de leche. Y hay soledades que a veces son muy buenas madres”. Uno de los ejes de la novela son los jóvenes libertarios. En su juventud, Rivas estuvo entre los fundadores de la primera radio libre de Galicia. En octubre de 1974, a los tres días de llegar a Madrid para estudiar periodismo, fue detenido en una manifestación estudiantil. Rivas lo recuerda con entrañable humor: “La verdad es que eso entraría más en el sainete..., porque es llegar aquí y como quien dice, la primera vez que sales a la calle y participas en un ‘salto’, y te encuentras en un callejón sin salida. Fue en Princesa, estaban haciendo El Corte Inglés. Y fue muy impresionante, porque salieron los obreros con los cascos y se unieron a la manifestación.

Pero hubo una carga muy grande y yo entré en un callejón sin salida. Mis sucesos y mis episodios son muy poca cosa al lado de lo que pasó realmente con la gente. Pero una dictadura no es una historia que me pille de lejos. Quiero decir, que su ‘larga sombra’ también a mi generación le tocó”. Años más tarde se le abriría un proceso militar por un artículo. Y hace no mucho descubrió su nombre en una “lista de personas a eliminar” el 23-F. “Lo del 23-F recuerdo leerlo con estupor, un estupor secular. De repente verme en lo que es una lista. Y además, dada la historia de este país, sabía que no era una broma. De repente, simplemente la idea de la lista te conecta un poco con todo, y dices ¡joder!, es una lista eterna, secular, que se repite...”.

Inmigración y literatura

Galicia fue paradigma de la busca del milagro del pan. Hoy, esos inmigrantes que levantan nuestras ciudades se topan con un muro de incomprensión y desprecio. ¿Es que no hemos aprendido nada? Rivas responde: “Bueno, para mí es un motivo importante para reflexionar sobre la desmemoria. La propia experiencia debería prepararte para entender mejor al otro. La emigración es uno de los trazos que más marcó la identidad española en la segunda mitad del siglo XX. Atravesar los Pirineos era atravesar también una barrera tremenda.

Y aquí siempre se presenta como ‘no, es que lo nuestro era distinto’, y comparativamente es increíble lo que se puede contar: emigrantes clandestinos entraban en camiones cisterna, o deambulaban con hambre por bosques de Francia y de Suiza. Entrevisté a personas así: uno tenía tanta sed que se metió un trozo de hielo en la boca y le estalló toda la dentadura. Sin embargo, si repasamos lo que es la literatura, el periodismo, el cine... veremos que el tema de la emigración está prácticamente ausente. Y claro, sí ha sido un país de emigrantes pero no existe ninguna conciencia de haber sido un país de emigrantes. En España, la cultura ha sido en gran parte hecha por señoritos, por élites desconectadas.

Hoy escuchas la radio y te preguntas ‘pero, esta gente, ¿nunca tuvo un emigrante en su familia?’. O si lo tuvo, es que no lo sabe. Yo creo que está pasando un poco como lo que pasó con la represión en los años más duros de la dictadura. Lo que pasa es que la literatura no debe aceptar los pactos de silencio que se dan en la sociedad. La literatura tiene que actuar en ese sentido como vanguardia, como un primer círculo concéntrico que se expanda y que impregne a la sociedad. Quizá no sirva para nada en el sentido inmediato, pero sí que puede condicionar la formación de conciencias, por ejemplo influir en el propio periodismo”.

¿Un estatuto para Galicia?

En tiempo de revisión de estatutos de autonomía, algunos con gran estruendo mediático, ¿por qué nadie habla de Galicia? Le preguntamos a Rivas si ve realizable a medio plazo un estatuto gallego donde se hable de autodeterminación. “El tema de la autodeterminación sí que lo veo... Bueno, tendríamos que reflexionar sobre lo que es la autodeterminación, que yo entiendo que es un proceso, y que tiene que ver también con la idea de autogestión, algo de lo que se habla muy poco. Galicia ha estado en stand by; en términos marinos, se ha quedado varada. En la Constitución aparecía como nacionalidad histórica por haber tenido estatuto de autonomía en período republicano; se aprobó en las Cortes, cuando se reunía el Parlamento en Montserrat, en 1937. Galicia estaba ocupada ya militarmente por el fascismo, pero el estatuto se había aprobado en referéndum en el 36, antes del golpe. Y entonces Galicia aparecía en el mismo estatus y dentro de un horizonte de España federal con Cataluña y el País Vasco. Uno de los objetivos que tuvo esa derecha protofranquista que se prolongó tanto en el tiempo fue neutralizar esa corriente que podría habernos permitido caminar mucho mejor hacia una España federal, sin tanta desigualdad.

Porque ahí, Galicia, frente a la idea del nacionalismo como se nos presenta a veces, como un egoísmo de ‘más poder para las burguesías locales’, podría haber aportado un elemento de armonía, ya que es un ‘nacionalismo de los pobres’. Pero ahora va Galicia con el paso cambiado, detrás, con retraso y además totalmente pendiente del boicot o no de la derecha. Y en eso estamos. Es decir, han cambiado un poco las cosas, ha cambiado el gobierno, pero no sabemos si saldrá vino o vinagre”.

EL HOGAR NÓMADA
“Yo soy, aunque suena tremenda la palabra, muy simbiótico. Es el modus vivendi de mucha gente en Galicia, y esa dispersión es un rasgo muy peculiar no sólo en la península, sino en toda Europa. Hay tantos núcleos de población en Galicia como en todo el resto de España. Y creo que la forma en que las personas viven en el territorio condiciona bastante la forma de pensar y muchas cosas. A veces la identidad se establece haciendo hincapié en otros aspectos; yo creo que la forma de relacionarse con el territorio es decisiva. Y hoy ese modo de vida está en un momento de convulsión tremenda, una crisis de la que puede salir, como decía el otro, o vino o vinagre. Y yo vivo un poco entre el vino y el vinagre. La dicotomía campo-ciudad hoy no se puede manejar en el sentido tradicional. Ha cambiado muchísimo. Hoy deberíamos hablar de otra sociología, de un espacio más mixto, de ‘hogar nómada’. Para ponerlo con una imagen: yo vivo mucho en una aldea de la Costa da Morte, y convives con gente en el propio entorno de la casa que planta maíz intentando el modelo de la agricultura ecológica, continuando lo que era la forma tradicional, y hay muchas plantaciones alrededor de maíz transgénico. Tú miras desde la ventana y es como leer en un libro, ves un mapa de lo que está pasando a través del maíz”.

Entrevista a Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas

Septiembre de 2007. Número 61

Palabras para la memoria, la dignidad y la lucha

Autor de ensayos como ‘El subdesarrollo social de España’, Vicenç Navarro es una voz de referencia para entender la realidad social en el Estado español, las desigualdades de clase y de género, o la manipulación de la historia desde la Guerra Civil a nuestros días.

La Guerra Civil española se puede contar de mil maneras. Y la historia que vivió Vicenç Navarro merecería ser contada en clave lírica: durante aquellos meses de los años ‘30, mientras el fascismo hacía la guerra, milicianos republicanos hacían el amor. Y así fue que, en el mes de noviembre de 1937 Vicenç Navarro, hijo del amor y de la guerra, vino a este mundo. Sus padres, dos maestros ilusionados con las reformas educativas emprendidas por la II República y por la Generalitat de Cataluña, combatieron en defensa de la República (él, en el frente; ella, en la retaguardia). La mayoría de sus familiares eran maestros, en una escuela que, en 1930, se mantenía en la práctica totalidad a la sombra de una Iglesia reaccionaria, parte activa en el golpe militar y uno de los pilares de la dictadura. “La influencia de mis padres y mis familiares en mí fue enorme”, dice Navarro. “Siempre me impresionó su gran dignidad, modestia y compromiso político. Eran muy representativos de aquellos españoles que lucharon para mejorar su país y su pueblo, al cual amaban profundamente. Perdieron la guerra pero lucharon con gran dignidad, valentía e integridad hasta el último día de su vida. Mis padres en España y mis tíos fuera de ella”.

Heridas que no cicatrizan

Sus tíos huyeron a Francia tras la derrota, y lucharon allí integrados en la resistencia francesa. “Un dato que no es conocido en España”, afirma Navarro, “es que la resistencia antinazi en Francia la comenzaron los españoles exiliados. Dos tías mías fueron detenidas y llevadas a un campo de concentración nazi. Mis padres se quedaron, y fueron expulsados del magisterio y brutalmente represaliados por haber luchado por una escuela laica y democrática. Mis tíos, después de la II Guerra Mundial, se integraron de nuevo en España en condiciones de clandestinidad, y más tarde emigraron a América Latina, formando parte del éxodo republicano... Habiendo muerto todos, mis padres, mis tíos y miles y miles de españoles como ellos, sin que el gobierno democrático les diera nunca las gracias por su enorme sacrificio. El gobierno francés del general de Gaulle, por cierto, condecoró a mis tíos. El gobierno democrático español, su propio gobierno, nunca les envió ni una nota de agradecimiento por haber luchado tanto”.

Él continuó el camino: “Yo crecí en este ambiente. De ahí que fuera lógico que participara desde una edad muy temprana en la resistencia antifascista de los años ‘50 y principios de los años ‘60, hasta que tuve que irme de España, iniciándose un largo exilio que me llevó a vivir en Suecia, en Gran Bretaña y, desde 1965, en EE UU, donde me invitaron a incorporarme a la John Hopkins University. Mi área de trabajo era y es la economía política y la política social”. Desde allí conectó con América Latina: “Conocí a personas que se integraron en el Gobierno de la Unidad Popular de Chile, que me pidieron que les ayudara cuando se estableció el Gobierno de Allende. Fue una experiencia única y de gran valor. Por desgracia terminó con un golpe militar, la segunda vez en mi vida personal que el fascismo me mostró su horrible cara. También ayudé al Gobierno cubano a desarrollar su sistema sanitario, conocido hoy como uno de los mejores en los países del Tercer Mundo”.

¿Transición o Transacción?
Para Navarro, “la Transición de la dictadura a la democracia distó mucho de ser el proceso modélico que aparece en el discurso oficial. Fue un proceso hegemonizado por las fuerzas conservadoras, la nomenclatura del Estado dictatorial que impuso sus condiciones, y en consecuencia España tiene todavía hoy una democracia muy incompleta y un Estado de bienestar muy insuficiente.

Que la Transición se hiciera en términos muy favorables a las derechas no quiere decir, como comúnmente se dice, que fueron el rey y Suárez los que nos trajeron la democracia. Al contrario, fue la movilización popular, y muy en especial la movilización obrera, la que terminó con la dictadura. La evidencia -silenciada por los establishments políticos y mediáticos del país- es abrumadora. Ni el rey ni Suárez tenían la intención de establecer una democracia de corte europeo. Fue aquella movilización la que forzó los procesos más importantes en cada uno de los cambios democráticos. El libro El final de la dictadura documenta con mayor detalle lo que yo ya había subrayado en Bienestar insuficiente, democracia incompleta. La historia oficial de la Transición modélica es una tergiversación de la historia real del país”.

Navarro denuncia que, 30 años después, el Estado español sigue siendo el que menos gasto público tiene de la UE-15. Sobre el déficit sanitario, Navarro precisa que sería deseable que “señores como Solbes, el guardián de la austeridad del gasto público en España y en Europa, tuvieran la experiencia de poder ver al médico durante sólo seis minutos” (promedio de visita en España al médico general, también el peor pagado de la UE-15).

La ofensiva mediática de la derecha española
“Esta tergiversación ocurre también en la historia de la República y de la Dictadura. En realidad, la amnistía que se pactó en la Transición significó la amnesia, permitiendo que la versión conservadora de lo que fue la República y la Dictadura se reprodujera y continuara siendo la dominante”, apunta Navarro. Hoy en día vivimos una ofensiva revisionista por parte de un grupo de intelectuales de derechas, que pretenden revivir ideas oportunistas como que la Guerra Civil no fue sino un plebiscito armado, o que la inició el PSOE en el ‘34 llamando a la revolución en Asturias, con el objetivo de justificar el golpe militar como un mal menor para restablecer el orden. “Pero hay otra revisión de la historia que me preocupa también”, avisa Navarro, “que se está haciendo por parte de historiadores liberales como Santos Juliá -quien dice que el mayor enemigo de la derecha española era el liberalismo-, o incluso historiadores de izquierdas como Gabriel Jackson, negando que la Falange fuera fascista”, sentencia. Navarro publicó el pasado otoño un extenso trabajo en Cuadernos republicanos, donde repasa con detalle estos revisionismos y hace un análisis certero apuntando las causas más objetivas del golpe del ‘36: la herida de muerte en los privilegios de la Iglesia Católica (la República estableció la escuela pública, terminando con la hegemonía del clero, así como el derecho al aborto y al divorcio, y la reforma agraria era una ataque al máximo terrateniente del Estado); de los círculos empresariales (se estableció el derecho de organización laboral) o del Ejército (la Constitución de 1931 reconocía el carácter plurinacional del Estado, además de que se llevó a cabo una reforma del mismo Ejército). Iglesia, patronal y Ejército demostraron que la democracia dura lo que dura la obediencia del pueblo a sus principios.

CLASE SOCIAL Y GÉNERO
Un tema recurrente en sus reflexiones, y del que encontramos análisis muy exhaustivos en sus libros y artículos, es la persistencia de la lucha de clases en el Estado. En la espiral de la violencia de clase, la mujer es quien sufre una doble carga, ya que en servicios públicos como escuelas de infancia o servicios de dependencia y protección es donde menos gasto social encontramos. En las familias trabajadoras que no pueden llevar a sus hijos ni a sus ancianos a los centros privados, este tipo de tareas nunca reconocidas ni remuneradas recaen sobre la mujer, que vive una doble condición de subdesarrollo social.

En la página web vnavarro.org encontramos la gran parte de los escritos de Vicenç Navarro. Él manifiesta: “no tengo ningún inconveniente en que mi trabajo se utilice ampliamente sin consideraciones de copyright”. Acaba de publicar Neoliberalism globalization and inequalities.

PERSISTENCIA DEL FASCISMO
Para Navarro, “la Ley de la Memoria Histórica es un buen indicador de lo que pasa en nuestro país. Hoy continúa habiendo miedo y temor, no sólo en los pueblos de España sino en el Gobierno y en las Cortes españolas. La Ley de la Memoria no ve al sistema democrático español como heredero de la República y continúa reproduciendo la ideología conservadora hablando de bandos, como si golpistas y luchadores por la democracia fueran dos bandos de un conflicto entre las dos Españas.

1936 vio un golpe militar que necesitó tres años para vencer, a pesar de tener toda la ayuda militar frente a la República, que prácticamente carecía de Ejército. Como bien dijo el embajador de EE UU en Madrid, lo que se llamó una Guerra Civil era la lucha de un Ejército en contra de su pueblo. En el cuartel general del Ejército español en Barcelona todavía hoy existen los símbolos fascistas, y el Gobierno catalán no se atreve a sacarlo para no ofender a los militares, ¿imagina algo parecido en Alemania o en Italia?”.

Entrevista a Marcos Ana, poeta

Febrero de 2009. Número 96

“No sé si mis versos eran buenos o malos, sé que eran versos necesarios”

La vida de Marcos Ana es un poema colectivo de hombres y mujeres que, según Saramago, “cerrando los labios y los dientes bajo los extremos de la tortura, reinventaron la dignidad humana en los lugares donde, según el catón de los criminales, deberían acabar perdiéndola”.

Fernando Macarro Castillo nació en 1920 en una aldea salmantina, al regazo de una familia de jornaleros “pobrísimos”. Con seis años, de la mano de su hermana Margarita, viaja a Alcalá de Henares, donde se pone a trabajar, y a los 15 participa en el congreso que funda las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). La Guerra Civil marca su adolescencia: el 8 de enero de 1937 los junkers alemanes bombardean Alcalá y él recoge de entre los escombros el cadáver de su padre. Aunque aún es menor, decide enrolarse en la defensa de Madrid “como una manera de comprometerme más por la muerte de mi padre”. Y en 1939, tras escaparse del campo de concentración de Albatera, que retratara Max Aub en su Laberinto mágico, es detenido en Madrid, acusado de dirigir la JSU. No saldría de prisión hasta 1961, después de unas campañas internacionales clamando por su libertad, siendo el preso de la guerra civil que más años pasó entre rejas. Sus años de cautiverio, con dos sentencias de muerte a cuestas y sufriendo tras los muros la muerte de su madre a los pies de la prisión, nada más conocer la segunda de ellas (dictada tras presentarse como responsable de una publicación en la cárcel para festejar el Primero de Mayo de 1943), fueron siempre una demostración de dignidad.

En la cárcel fue el aliento constante de los demás presos, a quienes incitaba a levantar la cabeza y no bajar los brazos. Estuvo 22 años encarcelado, mientras sus versos salían como pájaros libres de la prisión, en boca de compañeros o escondidos entre papeles, hasta conseguir liberarle a él. Así se fue forjando este poeta –cuyo nombre es un homenaje a sus padres–, uno de los más humanos e íntegros que vio el siglo XX. Él recuerda: “El día en que salí en libertad, los compañeros se amontonaron a la puerta del patio y recuerdo que me decían: ¡no nos olvides! Eso que para ellos era una esperanza, para mí es un compromiso que yo cumpliré toda la vida. Porque allá donde voy, ellos vienen conmigo. Y por eso me siento un hijo de la solidaridad y dedico a ella todo mi tiempo”.

América Latina en el corazón

Al salir de prisión, cruza el charco para agradecer la solidaridad que le brindaron los pueblos latinoamericanos. Allí le espera un recibimiento multitudinario y conoce a Neruda, a buena parte del exilio español y a tantas otras figuras políticas y culturales que le hacen estrechar unos lazos inquebrantables.

“En las cárceles chilenas, uruguayas y argentinas –nos cuenta– pasaban mis poemas clandestinamente a sus prisiones y decían “¡como Marcos Ana hay que resistir!”, y no puede haber nada más gratificante que te digan esas cosas, que te dieras cuenta de que un papel que tú habías escrito en una prisión servía para alentar el corazón de otros, en circunstancias semejantes”. Y concluye: “No sé si mis versos eran buenos o eran malos, lo que sé es que eran versos necesarios, porque contribuyeron a movilizar al mundo por mis compañeros”.

La vida en la cárcel

Para Marcos Ana hubo dos partes en su vida en prisión. “La primera duró hasta el ‘44, que fue un periodo de supervivencia, donde no sólo morías en paredones de eje cución, sino que te encontrabas por la mañana cuando despertabas con compañeros al lado que habían muerto de hambre, o de frío, o producto de las torturas, o de infecciones... Fue una época terrible en la que te comías la hierba que salía entre las baldosas del patio. Y la segunda época es a partir de que el ejército soviético rompe el espinazo del ejército alemán en Stalingrado. Entonces los guardianes estaban desmoralizados, porque comprendían que la guerra no la iban a ganar ellos. Se acercaban a nosotros justificándose, y hablándonos mal de otros guardianes... Y así hicimos de la cárcel una universidad”.

En la cárcel vivían en comuna, perfectamente organizados entre compañeros, y se daba la paradoja de que “a veces, al salir a la calle, había quien quedaba completamente hundido en la soledad”. En Burgos, el poeta funda una tertulia, La Aldaba, de la que pronto nace su propia revista. “Allí empecé a escribir mis poemas”, apunta, “que luego los sacábamos por esos caminos milagrosos que abríamos en la noche de nuestras cárceles. Nunca publiqué en ninguna editorial; los que los sacaban a la luz eran los comités de solidaridad”. Con el tiempo, la ilusión y el esfuerzo, los reclusos consiguieron montar una obra de teatro sobre la vida de Miguel Hernández. “En la prisión luché mucho contra esa división entre presos políticos y comunes. Había entre los presos políticos una tendencia a menospreciarlos. Y ellos eran presos sociales, gente joven que estaba presa por haber robado un poco de pan.

Cambiamos la política allí y empezamos a incorporarlos en nuestras clases de cultura. Cuando comenzaron a dejarnos jugar al fútbol, yo creé el equipo de Los Aguilillas, que eran todo presos comunes, y nos llevábamos todos los campeonatos. Son presos sociales, producto de una situación como la que vivimos hoy”, apunta. “Y luego ocurrió el fenómeno de que muchos de ellos volvían a la cárcel al año, o a los seis meses, por trabajo clandestino”.

El árbol y sus frutos

“Yo sólo con una noche condenado a muerte podría escribir un libro (los ruidos, los pensamientos que tienes, una mosca, una hormiga… las gotas de agua cayendo en el silencio). La fuerza de las ideas era lo que me hacía sobrevivir”. Su libro Decidme cómo es un árbol recopila estremecedoras anécdotas sobre su vida. Manuel Vázquez Montalbán quería ser quien escribiera sus memorias.

Pero el destino quiso que el barcelonés encontrara la muerte antes de poder realizarlas. Y Marcos Ana se decidió a escribir el libro con la intención de que “el mensaje llegue. Es un libro que he hecho, no pensando en mis camaradas ideológicos, sino pensando en esa inmensa mayoría de gente que no nos conoce y que tiene de nosotros una imagen prefabricada durante años y años, y que algunas veces resulta infame. Y luego también pensando en la juventud, algo que a mí me obsesiona, porque si no logramos que las nuevas generaciones estén en contacto con nuestras ideas y recojan la bandera...”. Dice que cada día le escriben muchos jóvenes, muchos de ellos despolitizados, lo que para él es su pequeña recompensa. “Son más bien jóvenes asombrados”, dice. “Yo había vivido en el subsuelo de este país y ellos no conocían la historia”. Advierte con humildad que “la experiencia puede llegar a ser contrarrevolucionaria. Por eso tengo discusiones con compañeros de mi generación, porque pienso que no se ha encontrado un lenguaje para llegar a la juventud. Y si no actualizas tu experiencia, se convierte en un estorbo para los impulsos y la iniciativa de quien viene detrás. Además, les quieren hablar desde arriba, y enseñándoles los caminos…”.

Cuando salió de prisión tenía 41 años y, a pesar de haber sufrido una experiencia tan dura, mantenía intacto su corazón de niño. Una entrañable y estremecedora historia con una prostituta al salir a la vida ha dado pie para que Pedro Almodóvar se comprometa a hacer una película sobre su historia.

Entrevista-reportaje sobre documental "Septiembre del 75"

Enero de 2010. Número 117

‘SEPTIEMBRE DEL 75’ | ESTE DOCUMENTAL PREMIADO EN LA SEMINCI 2009 RECUERDA LA LUCHA DE LA FAMILIA BAENA

Una vela encendida en la noche más larga

Se aviva el fuego de la memoria sobre los represaliados de Franco: se reeditan libros, y ahora aparece un documental sobre el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota centrado en Humberto Baena.

“Recuerdo aquellos días como si siempre fuera de noche”, relata Fierro, responsable del aparato de propaganda de Castilla en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) en 1975. “Esas calles desiertas, húmedas y que no llevaban a ningún sitio, con el peligro acechando en las esquinas, o en los negros coches de los sociales, siguen apareciendo en mis pesadillas”. En una de esas noches cayó detenido su compañero de célula, Ramón García Sanz, al que ya no volvería a ver. En ese mismo momento el reloj de Xosé Humberto Baena, militante del FRAP de 24 años, marcaba las 22.15 de la noche del 22 de julio, cuando fue abordado por diez policías en Madrid. A consecuencia del golpe, su reloj quedó detenido para siempre. Comenzaba entonces el esperpento macabro de un Consejo de Guerra en el que los acusados firmaron sus declaraciones tras interminables jornadas de tortura, y que desembocaría en el fusilamiento de tres personas la mañana del 27 de septiembre en Hoyo de Manzanares (Madrid). Los batallones de ejecución estaban formados por policías y guardias civiles voluntarios, gente que aún hoy sigue viva y que no esconderán en su almohada las pesadillas que refiere Fierro en sus noches.

La viuda de Sánchez Bravo, el tercero de los fusilados, presenció las ejecuciones y recuerda que aquel batallón salía pletórico de cumplir su tarea delante de los familiares. Flor Baena, hermana de Xosé Humberto, continúa el camino iniciado por su padre hace 34 años para restituir la dignidad de su hermano, cuya condena nunca fue anulada: “Mi padre murió con la impotencia de no poder demostrar su inocencia”, comenta a DIAGONAL. “Es el sueño de esta familia, poder rehabilitar su nombre”. Denuncia que sigue recibiendo amenazas: “Las últimas fueron hace tres años”. Pero ella lo tiene muy claro: “Yo no quiero venganza, simplemente quiero que lo rehabiliten. Que anulen la sentencia y que reconozcan que fue un juicio injusto: que no lo podían juzgar por lo militar, que la ley antiterrorista fue redactada cuando él estaba en prisión, que no dejaron declarar a ningún testigo...”.

A raíz de la Ley de Memoria Histórica, se dirigió al Tribunal Constitucional, que declinó actuar por tratarse de hechos acaecidos antes de que se firmara la Constitución; la misma respuesta recibió del Tribunal de Estrasburgo, ya que en 1975 el Estado español no había firmado la declaración de los Derechos Humanos. “Ahora nos queda la ONU”, explica Baena, “porque España pertenecía a la ONU en 1975”. Condenas colectivas “Cuando íbamos a verle a Carabanchel”, dice Flor, “viajábamos en tren toda la noche. Nos dejaban verlo veinte minutos a mediodía. A veces nos daban las cinco de la tarde y aún no nos habían abierto la puerta. Y sabían que estábamos esperando, mi padre tenía 70 años, y a pleno sol, de pie... Veíamos a mi hermano en una sala donde estaba con un guardia al lado con la metralleta, de pie, a su lado”. Flor explica que en poco tiempo murieron unas tías solteras suyas, que para ellos eran como una madre, y poco después también su padre. “Y todos con cosas del corazón, que siempre achacamos a esto. Los tres primeros años no había día que no llorara, y lo tenía que disimular por mi madre. Eso no se supera nunca, porque no fue por algo que no se pudiera hacer nada, sino por una injusticia terrible”. De su herida personal, cuenta: “Durante años yo no pude mantener relación con los amigos comunes de mi hermano porque siempre iba ‘acompañada’. Les veía, pero no les hablaba, para que no pasaran a vigilarlos a ellos también. Llegaron a pensar que no les quería hablar, que les culpaba de algo, y no era eso. Tardaron años en saberlo”.

La familia de Sánchez Bravo reclamó una indemnización por medio de la Ley de la Memoria Histórica. Fue denegada porque la comisión encargada (basándose en informes de la policía y la guardia civil, herederos de aquellas fuerzas del orden) define al FRAP como “grupo terrorista” y, por tanto, queda excluido del colectivo “en defensa y reivindicación de las libertades y derechos democráticos” con derecho a ayudas. García Sanz, huérfano de la posguerra y carne de cañón como miles de entonces (se crió en el orfanato Pignatello, donde cuidaba de su hermano enfermo), no tuvo familia que luchara por su restitución y su caso es uno más de los que se pierde en el vacío. En 2001, Interior indemnizó a la familia del teniente asesinado en el que implicaban a los dos militantes, y por lo que fueron ejecutados.

EVOCANDO UN MES EN LA HISTORIA DE LOS VENCIDOS

Flor Baena ha visitado la universidad e institutos gallegos para hablar a los estudiantes de los últimos fusilamientos de Franco. “Los alumnos no tenían ni idea, me decían: si eso no lo pone en los libros”. La película Septiembre del 75 se suma al grupo de obras que tratan de recuperar la memoria enterrada en la cal del consenso parlamentario, junto a los recientes libros de Tomás Pellicer y Blanco Chivite, que también sufrieron la represión por dar el salto desde el PCE (m-l) a la lucha armada para combatir el continuismo del "Franquismo sin Franco". Palabras para devolver la memoria a mujeres y hombres que, luchando por un sueño, acabaron atrapados en la peor de las pesadillas. Números contra la infamia que hablan de 44 personas asesinadas por las fuerzas del orden en los últimos coletazos del Franquismo (llegó a haber 3.500 detenidos en tan sólo cuatro meses, la mayor parte en Euskadi). Una vela para evitar que el olvido otorgue sentido a la noche más larga en la que habita la memoria de los ejecutados el 25 de septiembre, lo que representaron y lo que representan. También, por qué no, para darle cuerda al viejo reloj, contra la victoria de los que congelaron por la fuerza el tiempo de una juventud en lucha.

"Tengo esperanza en el documental. Es abrir una puerta para que venga gente e investigue. Yo lo que sé es por los periódicos de la época, a los que no podías hacer caso. De mi hermano dijeron hasta que era analfabeto, cuando estudió en la universidad. Y supongo que de los otros pasaría igual". En la web frap.es podemos acceder a documentos históricos que cuentan la historia anónima de mucha gente que entregó su juventud en los días en que salir a celebrar un 1º de mayo podía costar la vida.

Recogida de firmas para la anulación de los juicios del Franquismo

Flor y el resto de familiares de Xosé Humberto Baena están recogiendo firmas para entregar al presidente Zapatero y exigir una "Comisión de la Verdad’, como en otros países, que catalogue las violaciones y abusos cometidos contra los derechos humanos según el derecho internacional, de forma que la Fiscalía General del Estado revise y anule, en su caso, y de oficio, los juicios injustos". Para ello, recogen firmas en "Únete a Flor".

Entrevista a Rafael Amor, cantautor

Diciembre de 2007. Número 68

“Tenemos nostalgia del futuro que no pudimos construir”

Su aspecto es el de un incansable guerrero mitológico que viene del tiempo de las mil batallas. Su fusil es de madera y ternura: “Nunca me bajé la guitarra del hombro”

Tras un larguísimo exilio de más de 30 años, volvió recientemente a su Argentina natal para involucrarse en una realidad social en convulsión. Acaba de terminar una gira española, donde ha traído canciones nuevas de su disco A mí la calle. “En la calle es donde chocan las contradicciones, la vida”, dice. “Al mismo tiempo pasa un tipo que va en un coche supermoderno, otro que va traficando con las esperanzas de algunos, con las ilusiones de otros y con la desesperación de otros... y hay otros tantos que son cándidos. En la calle se mueve la vida”. Afirma que estas canciones las trae de su madre, quien le “enseñó tantas cosas bellas: la calle, donde mamo a diario mi leche de poeta, y la lucha, que me ha hecho más humano”. Sus canciones ponen piel y huesos y nombre a los invisibles urbanos, desde aquellos que hacen malabares en los semáforos a los piqueteros, o al tren de los cartoneros que cruza cada noche Buenos Aires. Escribió también un tema para Carlos Fuentealba, profesor asesinado por las fuerzas represivas, y cuando la ha cantado en sus actuaciones por el Estado ha recordado en ella a Carlos Palomino.

Nostalgia del futuro

La memoria del exiliado, al igual que la del guerrillero, está impregnada de nostalgias. Pero Rafael Amor matiza: “Nosotros, los nostálgicos de los años ‘70, no somos nostálgicos del pasado, tenemos nostalgia del futuro que no pudimos construir. Así que la nostalgia no pasa por rememorar una época, es la nostalgia de la lucha y por eso la gente no baja los brazos”.

Hoy Argentina vive la lucha de los piqueteros, y Amor está con ellos, participando en La Ruta de la Dignidad (actuaciones itinerantes de apoyo por todo el país), y cantando en los cortes de ruta y en las asambleas populares. Él denuncia: “La prensa oficial no se hace eco. Pero hay webs donde se pueden ver las cosas que se están haciendo, cómo está luchando la gente. Cerca de Gualeguaychú está la planta industrial de Botnia.

Ayer leí que ya hay un centenar de niños intoxicados por el olor que despide la fábrica de celulosa. Por todo el país hay fábricas recuperadas como la de Zanón, en Neuquén, que ahora se llaman ‘fábricas sin patrones’. Esta fábrica de cerámica está ahora a cargo de 300 obreros. Y están integrando cada día a más compañeros. Pero aparte está la inserción social, porque alrededor están apoyando pequeños consultorios médicos, bibliotecas, colegios... Un compañero cayó en la droga. En vez de despedirlo, lo que hicieron fue pagarle su recuperación, seguir manteniendo a la familia y apoyándolo hasta el final. No resultó. No resultó el hecho de la recuperación, pero sí resultó el ejemplo social que dieron los compañeros. Al final hubo que separarlo porque no podía trabajar, pero agotaron todos los recursos de reinserción humanamente. La gente está haciendo muchas cosas sola, y al Gobierno le molesta eso, claro, porque está en manos de la gente y no del Gobierno. A los de Zanón les han dado un plazo de un año para que se vayan. Por supuesto, eso no va a ocurrir”.

El derecho a deuda

La lejanía no le impide mantener el contacto con la realidad española, que en tantas cosas transita pareja a la argentina. “Yo viví 33 años acá siempre pensando ‘yo tendría que estar allí’. Ahora estoy allí, y eso no quiere decir que no quiera a España, que no esté inserto en la realidad española”. Ha seguido el proceso de la Ley de la Memoria Histórica: “A mí me parece tan imposible querer borrar la memoria como querer inventar la realidad. Y lo hacen, a través de los medios de comunicación”.

Él nunca ve la tele. “Cuando la enciendo, sólo reconozco enemigos”, dice. “Pero queda gente que sabe lo que pasa, y por eso se lucha por la memoria. Eso sí, si las leyes y todos los cambios que quiere el pueblo vienen de arriba, es lógico que vengan con recortes”. Él fue uno de los cantautores más representativos de la llamada Transición. “¿Quién desmovilizó la lucha del pueblo español?”, pregunta. “Aquí cuando ganó el socialismo ya estaba todo hecho. Y cualquier voz que se alzara era una voz extemporánea, fuera de lugar. Lo que pasa es que en Argentina la gente sale a la calle más allá de esas etiquetas. Pero España pasó 40 años de sufrimientos, tras una guerra feroz y fratricida y luego de esclavitud instituida. Eso del ‘milagro español’ fue posible cobrando una persona 50 céntimos por trabajar y sin derecho a réplica. Y hoy, que poseen un poco de bienestar, la gente se desmoviliza.

Pero ojo, porque antes de 2001 en la Argentina también decían lo mismo”, avisa. “Hoy dicen que están muy bien en España. Es una idea instalada en el imaginario colectivo. Sale el presidente del Banco de España y dice que el 75% de los españoles está fundido”. Como dice Pili, su compañera, “aquí lo que hay es el ‘derecho a deuda’ ”.

El autor en su encrucijada

Rafael Amor es un exponente de lo compleja que resulta hoy la cuestión de los derechos de autor. “La SGAE es una institución capitalista para la que los que más producen, se llevan más”, dice Amor. Pero en su historia reconoce con sinceridad: “Yo me llevo un dinerito que a veces me ha salvado. Una vez me fui a empeñar la guitarra, y me daban 5.000 pesetas en aquel tiempo, y no quise. Me volví a casa desesperado, porque no tenía para comer, tenía cuatro niños... y en el buzón había una carta.

La abrí y era de la SGAE: 150.000 pesetas. Empecé a bailar en el hall del departamento. Agarré el coche y me fui a cobrar”. No le cuesta nada hablar con honestidad: “Está también que yo no intervengo... y objetivamente conozco poco de eso. La verdad es que en ese sentido no he asumido mi responsabilidad para ir a pelear allá dentro”. Y termina con honradez: “Pero bueno... estuve muy ocupado en sobrevivir”.

Pero reivindica “el derecho de autor, porque éste es un trabajo como cualquier otro. Y sin embargo, yo no me puedo bajar una mesa por internet, o pedirle al carnicero un churrasco pirata... y, ¿por qué las canciones sí, los libros sí, las películas sí...?”, pregunta. “A mí no me importa regalar mis canciones, pero no me gusta que la gente tenga la idea de que la música la tiene que recibir gratis”. Denuncia que “las compañías de discos bajan los precios para hacer su propia competencia con la piratería. Los venden a seis euros en la calle, costeando todo: el plástico, la impresión, todo... Menos el derecho de autor y los impuestos”. En esta visión tiene mucho que decir que en ciertos ámbitos del mundo discográfico no se olvidaran de él cuando la marea de olvidos que vino con la desmovilización social se llevó a muchos cantautores comprometidos de los ‘70. “Ahora la Fundación Autor publica una enciclopedia musical, La palabra se hizo música. Y eso es un reconocimiento que me agrada. Aunque nos ponen aparte, como si no hubiéramos tenido nada que ver con la movida española de aquellos años, cuando los primeros que cantamos en los boliches alguna cosa con sentido éramos los ‘sudacas’. Aquí eran pocos los que alzaban la voz”.

Con su memoria de luchas y su presente cargado de futuro, queda Rafael Amor para rato: “La hija de Marx un día le preguntó qué era la felicidad. Y Marx la miró un rato, y después le dijo: ‘la felicidad es la lucha”

CONCIERTOS BOCA A BOCA
Él sigue tocando gracias al boca a boca. Cada vez que va a visitar una ciudad, llama a sus amigos para que corran la voz... y afirma que siempre “la gente me ha colmado de halagos y de cariño. El teléfono de ellos es su televisión. Y como yo no tengo esa posibilidad, llamo por teléfono y les digo ‘voy a tocar en tal lugar’ o mando cartas. Hay que pelear con las armas que uno tiene. Yo sé que sin ningún tipo de propaganda meto a 400 personas en un teatro, o a mil, como he metido en Buenos Aires”. Rafael Amor pregunta qué pasaría si pusiéramos a alguien como Joaquín Sabina en su lugar, con su historia... o a él en el lugar del otro, con su parafernalia, a ver qué atención concitaría. Sabe cuál ha sido el precio de su camino silencioso pero sin pausa, y sin pactar con las grandes mentiras del circo mediático. “No te voy a decir que a veces no me joda, porque sería hipócrita, pero bueno, son las armas y es el medio en el que yo me muevo”. No es para dejar de estar orgulloso de ello.

Entrevista a Iñigo Muguruza, músico

Octubre de 2006. Número 40

“No me considero un nostálgico de la época del rock radical vasco”

Íñigo Muguruza representa un testigo único de los últimos 25 años de la escena musical y social no sólo vasca, sino del conjunto del Estado y de América Latina. Las míticas bandas Kortatu y Negu Gorriak (dos de las formaciones que más influyeron en el panorama estatal) nacieron al calor de los hermanos Íñigo y Fermín. Sus últimos proyectos musicales han sido Joxe Ripiau y Sagarroi, formación que en estos momentos está preparando su cuarto trabajo.

Lleva más de 20 años en la primera línea de los proyectos musicales combativos del Estado, y desde entonces no sólo no ha abandonado el camino sino que se ha ido adentrando en otras disciplinas artísticas, desde la literatura al cine, pasando por el teatro: el grupo musical Sagarroi, que acaba de culminar una gira por Japón, coproduce la representación teatral de Ezekiel (adaptación de la novela Me llamo Ezequiel y así será siempre, de Martxel Mariskal) con la Fábrica de Teatro Imaginario y Pces de Colores.

De todo este viaje, recuerda Íñigo: “Lo más enriquecedor para mí ha sido y sigue siendo la experiencia humana, las vivencias con gente de otros grupos musicales, colectivos y personas de todo el mundo, gente que trabaja por un mundo más justo, más libre y más digno”. Sin embargo, volviendo la mirada a la época de Kortatu, sabe que el futuro sonríe. “Aquella época tuvo sus cosas alucinantes, como aglutinar a muchísima gente en reivindicaciones imprescindibles, y otras muy duras, como la atracción hacia la autodestrucción que subyacía en muchos mensajes, y que tuvo un saldo muy trágico: muchísimos muertos por sobredosis, sida, suicidios...

No me considero un nostálgico de la época del rock radical vasco, como hay tantos. Creo que el momento que vivimos nos deja más margen a la esperanza que aquel”. Con respecto a la represión mediática, que ya sufrió Negu Gorriak y que sufren hoy grupos como Soziedad Alkoholika o Berri Txarrak, Íñigo se muestra optimista: “El invierno siempre pasa. Ya en las cuevas de Zugarramurdi hubo una feroz caza de brujas en el siglo XV y luego remitió. La historia es cíclica, no debemos olvidar nunca lo ocurrido, o estaremos obligados a repetirlo una y otra vez”.

América Latina en el corazón
Tras la aventura de Kortatu (y su registro de 280 conciertos en cinco años), inició un viaje de cuatro meses como brigadista a Nicaragua que le dejaría una huella visible que aún perdura. “Una parte de mí continúa estando en Centroamérica desde entonces. Allá me enteré a bocajarro de que el mundo no es como Europa, que como aquí sólo vivimos un 20% del planeta, que la deuda la deberíamos pagar nosotros y no ellos, etc. Musicalmente también me influyó mucho aquella experiencia, y las que posteriormente viví por allá, como la gira de Negu Gorriak con Banda Bassotti por El Salvador con la campaña electoral del FMLN, etc.”

Asegura que los procesos revolucionarios abiertos hoy en América Latina mantienen viva la esperanza y, aunque profesa mayor simpatía por el subcomandante Marcos o Evo Morales (a quien últimamente dedica una cumbia en los conciertos de Sagarroi), siente la misma ilusión siempre que “los nadie, los olvidados, despiertan y reivindican la riqueza que les pertenece tras cinco siglos de expolio”.

Cultura contra el fascismo
En 2004, la editorial Erein publicó su libro de relatos infantiles Unai eta Hodeitxu. Y en los últimos tiempos llevó a cabo la producción de un corto, Nahia (El deseo). Cree en el arte como un antídoto contra el fascismo, como una herramienta capaz de sensibilizar nuestra forma de ver el mundo.

Afirma que a él le marcaron los libros de Eduardo Galeano. “Es el escritor al que más he robado, y estoy seguro que es de los que se alegran de que les roben. Creo que no somos más que nudos en una gigantesca red. En música, por ejemplo, el autor más original puede que tenga un 7% de originalidad. Soy profesor de guitarra y armonía desde hace 12 años, y en música los esquemas se repiten hasta la saciedad”. Le preguntamos por los proyectos más próximos: “Proyectos, sueños, música, cine, teatro, pintura y literatura. Me entusiasma el caos artístico que es la vida misma. Tengo el ordenador lleno de proyectos imposibles muy divertidos, cuentos de humor absurdo y feroz -me encantan las películas de Billy Wilder-, bocetos de cuadros, artículos sobre bullying, bocetos de guiones de cortos que nunca llevaré a cabo... Intento dar prioridad a unas pocas cosas -ahora mismo el próximo disco de Sagarroi- porque tengo tendencia a la dispersión”.

La cuestión de género
En el repertorio de Sagarroi pervive el tema Itxoiten, poema sobre la liberación de la mujer que está considerado uno de los mejores temas de Negu Gorriak. La dignidad de la mujer, los malos tratos, el silencio y la incomprensión... son temas recurrentes en la creación artística de Iñigo. “Es que los hombres tenemos un porcentaje femenino muy grande, que en nuestra cultura es reprimido brutalmente, para nuestro descalabro. Desde la izquierda también nos ha costado reconocer las reivindicaciones feministas, anti-homófobas...

En esto estamos progresando poco a poco. En cuanto a los malos tratos, me parece un tema a tratar de raíz. Foucault escribió sobre la microfísica del poder, un análisis microscópico muy interesante de las relaciones de poder. Es hora de hacer una microfísica del maltrato, del bullying, del mobbing, etc.”.

Internet y copyleft
¿Es internet otra herramienta cuando permite acercarnos y entablar contacto entre las personas sin importar el lugar donde estemos? Un tema de Joxe Ripiau (Antoine nahasia / ‘Antoine confuso’), criticaba el enganche a internet de la juventud actual. En Sagarroi, los amigos del portal Radiochango han participado de la forma más entusiasta en la letra de una canción. Iñigo, al respecto, comenta: “Un tema interesante para un cuento: un encuentro de cuatro personas: una persona de 48 años hace una reunión con él mismo cuando tenía 18 años, él mismo con 28 años y él con 38 años. ¿Qué pasaría?, ¿estarían de acuerdo?, ¿se darían de hostias?, ¿se irían de copas? Internet fue criticado por Antoine confuso como algo que empujaba al aislamiento. Sagarroi le contesta con un foro en Radiochango para hacer una canción entre muchos. Al principio fui muy crítico con internet, pero ahora -aunque siempre digna de crítica- me parece una herramienta muy potente”. Y la página web de Sagarroi es una buena muestra de ello: mientras un entrañable radiocassette nos va pinchando temas de la banda, podemos sentarnos a ver los videoclips de Sagarroi, el corto de Íñigo o la galería de cuadros de Asier. Sobre el copyleft, opina Íñigo: “El tema copyleft me parece muy interesante. Que una oficina de gestión como la SGAE tenga las sedes que tiene en el Estado es algo vergonzoso (como esos porcentajes a los CD vírgenes). Me parece bien que se tenga la propiedad intelectual de una obra para evitar usos no deseados, pero me gustaría que tuviéramos una alternativa a la SGAE”.

Más información

www.sagarroi.com
www.fabricadeteatroimaginario.com
www.radiochango.com

‘EZEKIEL’
“Preparar Ezekiel fue un trabajo muy interesante y duro donde hubo que conjuntar y sintonizar disciplinas y aspectos muy diferentes como intensidades musicales, expresión corporal e interpretación teatral. Al principio nos dimos cuenta de que hablábamos lenguajes distintos. No es lo mismo ‘estar arriba’ para un actor, o ‘ir arriba’ (empezar la canción) para un músico. Todo es expresión, comunicación, sentimiento...”. Para Muguruza, en la obra “encontramos como líneas transversales una crítica feroz a la globalización, al consumismo, a la cultura de la acumulación”. La Fábrica de Teatro Imaginario destaca las tres características de la puesta en escena: la palabra (se ha trabajado entre la prosa y la poesía con el objetivo de impulsar el texto dramático); la música en directo de Sagarroi y los actores interpretando a Ezekiel (Miren Gaztañaga) y Osses (Ander Lipus). Sin olvidar el ambiente que crea la iluminación de Pces de Colores. Como anécdota, Íñigo nos contó que la actriz que interpreta a Ezekiel se ha incorporado a Sagarroi como corista.

Entrevista a Jaime Vargasluna y Jimena Ramos, editores cartoneros

Abril de 2007. Número 52

Pintando esperanzas en cajas de cartón

Desde la creación de la primera editorial comunitaria cartonera en Buenos Aires, estas iniciativas sociales se están multiplicando por toda América Latina.

Eloísa Cartonera, en el barrio de la Boca, vio la luz entre textos callejeros y hojas fotocopiadas. En el taller se trabaja un cartón que es previamente comprado a un precio cinco veces más alto que el precio de mercado a los cartoneros en la calle...

Y los mismos chicos que recogen y seleccionan el cartón son quienes trabajan en las labores de cortar y pintar las portadas, dando así lugar a objetos artesanales cuyo latente corazón desafía a las modernísimas técnicas de la industria editorial de hoy. Esta ingeniosa forma de resistencia cultural que abre una ventana a la marginación social de tantos núcleos de población latinoamericanos se ha ido extendiendo dando lugar a diversas experiencias en los últimos años.

Jaime Vargasluna, del proyecto Sarita Cartonera (Perú), nos cuenta: “Sarita Cartonera nació en febrero de 2004, inspirado en Eloísa Cartonera, que es el proyecto fundador. Supimos de lo que hacían, nos pusimos en contacto con ellos y comenzamos a trabajar. En principio la idea era hacer una Eloísa Cartonera en el Perú, pero por problemas burocráticos, exportación y demás trabas legales decidimos emprender un camino autónomo”. Jaime nos explica que el proyecto toma su nombre de “Sarita Colonia”, una mujer de la periferia de quien circularon leyendas en vida, y a su prematura muerte fue enterrada en el cementerio para pobres del Callao, donde los nadies comenzaron una particular peregrinación para pedirle cosas, terminando por convertirla en la santa de las prostitutas, de los delincuentes, de los presos... “Tuvimos claro desde el principio que el proyecto estaría vinculado a lo popular, y Sarita es un icono popular clarísimo”. En Sarita “somos tres personas; las tres hemos estudiado Literatura, y aunque nació de nuestro compromiso con la literatura latinoamericana, hemos ido incorporando autores no necesariamente regionales. Primero fuimos desarrollando el tema literario, después el tema estético, incorporando a varios artistas plásticos, y ahora queremos desarrollar el tema del reciclaje incluyendo también ambientalistas en el proyecto”.

Jimena Ramos es la editora de Animita Cartonera, en Santiago de Chile: “Nosotras nos presentamos a finales del año pasado, aunque llevábamos un año y medio trabajando en el proyecto. Conocimos a Eloísa desde un grupo de la universidad, nos encantó la idea y fuimos a hablar con Washington Cucurto (uno de los fundadores de Eloísa) a Buenos Aires. Tratamos de hacer libros objeto, con la misma filosofía de recuperar el cartón. Trabajamos en un centro cultural, con las puertas abiertas a la participación popular. El taller está abierto todos los días. Nos visita una niña, Carol, de una familia muy humilde, que hace verdaderas obras de arte con los libros... Somos un equipo de tres mujeres: una se encarga del área socialeducacional, otra es la gestora, y yo, la editora. De aquí a julio queremos publicar quince títulos más”. Jimena nos explica qué es eso de la “animita”: “Es una casita pequeña que se pone con flores en el lugar donde alguien muere de una forma injusta que nunca debió ocurrir. Cuando esto sucede, el alma está en pena, esa casita ayuda al alma en tránsito para ir al cielo o al lugar donde le corresponda. Hay muchas en los caminos rurales. Las hacen los familiares con cemento, pintadas en morado, y suele ir una mujer a cuidar la flor y cambiar la vela de la animita”. El icono de esa casita es también el logo de la editorial, cuyo catálogo crece a un ritmo vertiginoso: trabajan tanto con autores actuales (que les ceden sus derechos) como “rescatados, los que no fueron en su día leídos con justicia”. Pero lo más destacado de Animita Cartonera es la línea infantil. “En Chile no hay mucho libro infantil. No llegan, y los que llegan, son muy caros”. Los niños participan a la vez como lectores y como creadores de los libros, pintándolos con sus manos.

Sarita Cartonera tiene 31 títulos en la calle. Los últimos en salir, una antología de relatos contados por niños, basada en las investigaciones sobre la tradición oral peruana: “Agrupamos todas esas voces, y ellas mismas terminan armando una historia con todo”, nos dice Jaime.

Asumen un modo de funcionar muy inteligente: “Nosotros fabricamos libros para un reparto inicial en librerías y luego vamos imprimiendo bajo demanda. En realidad podríamos hacer muchos más títulos al año. No lo hacíamos por un tema de prensa, pero este año nos vamos a lanzar a eso”. La impresión de las tripas, dependiendo de las leyes de cada país, se realiza bien desde una impresora láser o bien en fotocopiadora, notablemente más barato. Luego las hojas son grapadas y pegadas al cartón, aunque algunos libros se encuadernan utilizando tela, a la manera más tradicional.

Una celebración de la solidaridad

Tania Silva (de Sarita) sentencia: “La historia que hay detrás de cada librito cartonero es una celebración de la solidaridad”. Al fin y al cabo, este arte reconvierte en cultura lo que para la vida cotidiana es basura, y convierte al cartonero en artesano y al libro en herramienta de transformación social. Para Jaime, estas aventuras son “proyectos generadores de proyectos”, y lo que más fascina de los mismos es “su capacidad de dar a luz consecuencias imprevisibles”.

Pero, evidentemente, no todo es hermoso en este hermoso viaje: los recicladores de cartón viven en un medio hostil, en un mundo bajo una situación de conflicto fuerte y constante, y en ocasiones trasladan ese conflicto al taller, lo que genera un debate muy fuerte entre los voluntarios del proyecto sobre los límites que separan la revuelta social del paternalismo. El grupo que trabaja en el taller de Sarita Cartonera pasó a ser formado por familiares de los cartoneros, y actualmente son un grupo estable compuesto por miembros de dos extensas familias.

Nos dicen que la gestión de estos proyectos es muy desgastante emocionalmente. A veces les visita la desmoralización propia de los trabajos invisibilizados y nunca remunerados, de larguísimas horas de trabajo y dedicación plena... y donde el mejor antídoto para mantener vivo el proyecto cooperativo es basarse en cuidar y fortalecer las relaciones personales y los afectos entre las personas que lo comparten.

EL PROBLEMA DE LAS LIBRERÍAS EN AMÉRICA LATINA

“Nosotros usamos tres canales de distribución”, nos cuenta Jaime. “La librería es el más importante, donde tenemos una presencia sostenida. Luego están las organizaciones que trabajan con desarrollo social, con quien nos vinculamos fuertemente. A veces nos hacen pedidos grandes, pero completamente intermitentes. Y luego está el contacto con los grupos de la periferia. Allí casi nunca vendemos los libros; los regalamos. A veces nos compra ejemplares una parroquia para regalarlos a gente de la periferia”. Pero no ve positivo que la librería sea determinante: “Un problema que sufre toda Latinoamérica, salvo Argentina, es que las librerías están muy centralizadas: hay pocas librerías y la gente que acude a ellas es gente de élite. Y nuestro objetivo es precisamente cruzar esa barrera”. El precio del ejemplar cartonero en ningún caso es superior a los tres euros.

HACIA UNA RED DE EDITORIALES CARTONERAS

Tras los pasos de Eloísa y de su hermana menor Sarita, un grupo en Bolivia, llamado Yerba Mala Cartonera, decidió armar un proyecto parecido en La Paz y contactó con ambas. “Cuando eso sucedió”, dice Jaime, “nos dimos cuenta de que había que organizar una red. Esto debía crecer, y empezamos a movernos. La gente de Eloísa abrió una cartonera en Sao Paulo, en Brasil, con un gremio de recicladores de cartón. Luego empezaron Animita en Chile y Lupita Cartonera en México. En julio se celebra la Feria del Libro de Lima, que dura como tres semanas y donde Sarita tiene un stand desde hace dos años, que forramos entero con cartón... y para este año queremos hacer del stand cartonero un punto de encuentro donde estén todos los libros de las editoriales cartoneras, no sólo Sarita, también Eloísa, Animita, Yerba Mala, Lupita...”. Aunque tratan de vivir autofinanciadas, todas las cartoneras recibieron en algún momento ayuda de instituciones culturales y de cooperación. Para ellas, una de las salidas para mantener a salvo su autonomía puede ser distribuir también en España. La conexión en el Estado español con las cartoneras viene de la mano de Rosa Ruocco, del proyecto editorial Actis de Madrid, quien lleva tiempo contactando con ellas y en estos momentos está buscando salidas a este tipo de proyectos para difundirlos a este lado del Atlántico.

Entrevista a Toni Lodeiro, autor de "Consumir menos, vivir mejor"

Octubre de 2008. Número 88

”Es clave poder vivir de lo que nos apasiona”

En una cultura de la sobreinformación en la que nunca se nos educó para reciclar, reparar o hacer un consumo eficiente de los recursos que necesitamos en la vida, trabajos como el de Toni Lodeiro resultan indispensables para cuestionar nuestros hábitos y refundar conscientemente los planteamientos de nuestra forma de vida actual.

DIAGONAL: ¿Cuáles serían para ti los ejes fundamentales sobre los que se podría transformar radicalmente la sociedad de consumo?

TONI LODEIRO: ‘Transformar radicalmente la sociedad’ es un objetivo demasiado pretencioso, pretender eso puede llevarnos a sentirnos fracasados, pues difícilmente lo conseguiremos. Sería ingenuo pensar que vamos a conseguirlo porque usemos menos el coche o por ir a comprar llevando de casa bolsas reutilizables. Los grandes poderes son demasiado poderosos.

Un horizonte utópico no está mal, pero necesitamos objetivos asequibles alcanzables a corto y medio plazo: reducir nuestro consumo de bolsas de usar y tirar, participar por la prohibición de los cultivos transgénicos... Además, querer cambiar el mundo puede llevarnos a actitudes insanas y antidemocráticas. Si nos autonombramos ‘salvadores’ en posesión de la receta de lo que es bueno para el mundo, nos dedicaremos a juzgar, aconsejar, etc., lo que vicia las relaciones personales y la participación política. Para mí, y hablo por experiencia de mi larga lista de errores, es más sabio atender a las propias necesidades y ‘transformar radicalmente’ nuestras vidas para que sean más placenteras, saludables y acordes con nuestros valores.

D.: Fuimos educados en nuestras obligaciones y no en nuestros deseos, ¿es posible reeducarnos?

T.L.: Liberar nuestros sueños y deseos e intentar trabajar haciendo lo que nos gusta o consumir a nuestra manera requiere esfuerzos y valentía para romper con viejos hábitos e inercias. Pero una vez en marcha el proceso, es difícil la vuelta atrás si realmente seguimos ‘un camino con corazón’. La participación política será más saludable si sale desde lo que nos gusta, desde nuestras pasiones y necesidades. Mi pasión es educar para un consumo más consciente, la tuya hacer buen periodismo, la de ella hacer pan ecológico... Y nos unimos porque necesitamos buen transporte público y poder respirar aire limpio, más parques y menos coches, porque no nos gusta que nos jodan los espacios naturales a donde vamos de excursión para construir autovías.

D.: En los países ricos se ha interiorizado la idea de que cuando termina la jornada de trabajo comienza la jornada de consumo. ¿Es posible cuestionar a un nivel profundo las ideas sobre el dios trabajo y el dios dinero?

T.L.: Sí, si nos damos cuenta de que vendiendo el coche –o aguantando con el viejo mientras dure– y viajando a la Sierra de Gredos en vez de a Punta Cana, disfrutamos lo mismo o más y además podemos trabajar menos horas y tener más tiempo para hacer lo que nos gusta. Nuestro fin, lógicamente, es vivir mejor, y vivir con menos puede ser un buen camino para conseguirlo. Para mí una clave es poder vivir de lo que nos apasiona, ¿qué hacemos trabajando 40 horas para Zara, por ejemplo, y luego participando en un grupo ecologista cuatro horas a la semana quitando tiempo a nuestro descanso, amigos, familia...? Pues intentemos vivir de reparar bicis reutilizando material usado –por poner un ejemplo– y ya juntamos dos trabajos en uno, trabajo y ‘militancia’. Por cierto, ¿de dónde viene esta palabra?

D.: Hoy día lo ‘alternativo’ es un valor en alza y los grandes hipermercados intentan apropiarse de conceptos como ‘comercio justo’, ‘eco’, ‘bio’ o ‘natural’. Las cooperativas autogestionarias de carácter anticapitalista resisten, no sin dificultades, desde el apoyo mutuo y la confianza. ¿El imperio acabará devorándose a los irreductibles galos?

T.L.: Los súper y las multinacionales hacen comercio injusto vendan lo que vendan. Al respecto se pueden ver campañas ‘Supermercados no, gracias’ y ‘Espacio por un comercio justo’. Sabiendo lo que sabemos, comprar allí deja de tener sentido, si hemos probado la satisfacción que reporta hacer las cosas ‘de otra manera’.

D.: ¿Es la crisis económica una oportunidad para replantearnos nuestros hábitos?

T.L.: La oportunidad buena es cada vez que sintamos que nos falta tiempo, descanso, placer, que vivimos en un mundo absurdo... que las falsas necesidades ahogan nuestro desarrollo personal. Si la crisis nos ayuda a darnos cuenta, bienvenida sea.

D.: ¿Qué opinión te merecen las ferias de productores ecológicos que, cada vez con más frecuencia, organizan ya no sólo entidades del gremio, sino también ayuntamientos y diputaciones?

T.L.: Muy buena en general, sobre todo si son ferias de productoras locales. Aunque muchas veces ‘todo vale’. Me gustaría que en las ferias ecológicas no hubiese envases desechables, plásticos, productos del quinto pino, empresas oportunistas... Pero confío en que, poco a poco, organizadoras y consumidoras iremos sabiendo distinguir mejor, de entre todo lo que se mete en el saco de lo ‘eco’, qué es lo ‘auténtico’ y cuáles son las ‘falsas alternativas’.

Cuestionarlo todo
“En EE UU, el país del fast food y el fast life se calcula que 20 millones de personas (las downshifters) han dejado sus empleos ‘bien establecidos’ en busca de tiempo para cuidarse y cuidar a la gente que quieren, hacer lo que les gusta, estar más cerca de la naturaleza... Insisten en que menos es más”, explica Lodeiro. Se trata de optar de forma voluntaria por la simplicidad, la vida slow. Su libro (editorial Txalaparta) está repleto de cientos de ideas prácticas y contactos para casi todos los ámbitos de la vida. Se puede elegir entre comprarlo o descargarlo por internet en la dirección nodo50.org/consumirmenosvivirmejor. Hay otras buenas fuentes de fácil acceso, como la revista Opcions, también en internet (opcions.org); la web terra.org y vídeos como La historia de las cosas.

Tu grupo de consumo
Cada día más personas se unen para formar grupos autogestionados de consumo, un acto que va más allá de una compra colectiva, que prioriza lo local en vez de las relaciones deshumanizadas del mercado global. “En la cooperativa de consumidoras el ambiente no se parece en nada al de un súper: allí puedes hacer amigos afines, fundamental en este ‘camino vital’. Se organizan fiestas, excursiones a las fincas (u obradores) de las productoras: por ejemplo a conocer a la panadera y a aprender a hacer pan”, comenta Toni. Llevar estos grupos adelante en un ambiente lleno de trabas y compuesto por relaciones personales diversas no es fácil. “La asunción, y disfrute de al menos un 20%” de ‘incoherencias’ es necesario para nuestra salud mental y la de quienes nos rodean. Se trata de una carrera de fondo”, añade.

Cosas cotidianas
“En una realidad de abundancia, nos mostramos como unos analfabetos de las etiquetas de los alimentos, de las condiciones de producción y distribución de lo que comemos, de las consecuencias de los monocultivos, de las sustancias tóxicas a las que estamos expuestos cada día, de los prospectos de los fármacos, de nuestra educación emocional y nuestra forma de comunicarnos...”, señala Lodeiro.

Hay mil y una formas de ahorrar energía en lo más cotidiano: al calentar la casa, al preparar la comida, al viajar en bicicleta y al elegir la energía inagotable de los pasos antes que el ascensor. Y existen más formas aún de no provocar basura: reutilizar las bolsas de la compra, buscar alternativas a los envases y envoltorios contaminantes, reciclar en condiciones, reutilizar muebles, recuperar y reparar cosas.

Reportaje sobre la situación de la inmigración en Madrid

Mayo de 2007. Número 55

LA SITUACIÓN DE LOS INMIGRANTES: EXPLOTACIÓN LABORAL, SINIESTRALIDAD Y TRABAS ADMINISTRATIVAS

Ecuatorianos en Madrid: bailando al ritmo de los nadie

Según los datos de empadronamiento, de los seis millones de habitantes de Madrid, 800.000 son ciudadanos extranjeros en situación ‘regular’. Madrid acoge el 20% del flujo migratorio que llega al Estado. La nacionalidad mayoritaria de estas personas, en busca de mejores condiciones de vida mientras empresas constructoras y de servicios se frotan las manos, es la ecuatoriana (150.000 personas, muy por delante del resto de países de origen).

Fuera de los datos oficiales, CC OO estima en 320.000 las personas en situación ‘irregular’ en la Comunidad de Madrid y, según SOS Racismo, el número de ‘sin papeles’ en el conjunto del Estado asciende a más de un millón de personas, víctimas de una larga lista de violencias invisibles. Un 20% de los inmigrantes de la capital, aun estando obligados a hacerlo, no renovaron su empadronamiento este año, lo que aumenta la marea de ‘ilegales’ en las calles de Madrid. Estos meses, el barrio de Entrevías, en el distrito de Puente de Vallecas, sirve de paradigma para tratar el fenómeno social de la inmigración.

¿Cuánto vale la vida de un ecuatoriano?
La mañana del 7 de abril, la Comunidad de Madrid entregó dos pisos a la familia de Diego Armando Estacio, víctima mortal del atentado de ETA en Barajas. En el evento, que tuvo un sonoro eco en los medios, fotografías de sonrisas y apretones de manos, la institución se compadecía de “la situación de emergencia social que tenía esta familia”, poniendo sobre la mesa que “los inmigrantes de nuestra región deben tener los mismos derechos que los madrileños”. Los Estacio son vecinos de Entrevías.

Pocas horas más tarde, Roberto Guanuche, pintor ecuatoriano de 27 años, fue asesinado a puñaladas en el barrio. Aunque vivía el mismo sueño que los Estacio, su vida no cotizaba en el Parlamento, ni resultó rentable en la prensa: el espacio reservado para él fue un recóndito cuadrito en la página de sucesos. Sus familiares dejaron a los pies del árbol donde cayó muerto una corona de flores en su memoria, acompañada de velas que una mujer se acercaba a mantener despiertas contra el olvido. No duró ni una noche, ya que los efectivos de limpieza del Ayuntamiento borraron cualquier recuerdo de lo ocurrido antes de que saliera el sol. La semana siguiente fue apuñalada otra pareja de ecuatorianos en Entrevías, y la noticia no tuvo la menor trascendencia en la prensa.

Inserción laboral e integración
En el barrio, y fuertemente vinculada a Vallecas, está la Asociación Cultural Coordinadora de Inmigrantes (COIN), nacida en 2001 al calor del encierro de inmigrantes en la parroquia vallecana de San Ambrosio.

Su portavoz, Wilfredo Contreras, comenta a DIAGONAL: “La realidad es que aquí venimos a buscar trabajo, y que nadie nos hable de políticas de integración si antes no hay inserción laboral. Un trabajador, ya sea de Bolivia o de Kazajistán, si encuentra un trabajo más o menos digno, se integra. Si no tiene trabajo, ¿cómo se va a integrar?

Le dirán en una reunión: ‘bienvenido, nuevo ciudadano...’, y ya. Y nosotros queremos aportar nuestro granito de arena frente a esta situación”. En su local se ofrecen, a nativos e inmigrantes precarios, cursos de formación laboral, especialmente enfocados al sector de la construcción. En los últimos dos años, unas 600 personas han pasado por los talleres. Contreras destaca lo imprescindible que es, por ejemplo, la formación en seguridad laboral. Cada amanecer, centenares de ciudadanos ‘sin papeles’ se concentran en los grandes escaparates de esclavos de las glorietas de Atocha, Plaza de Castilla, Plaza Elíptica...para jugarse la vida en la ruleta rusa de la construcción sin apenas formación (ni información), y la mayoría de las veces sin cobrar bajo amenazas de ser denunciado y expulsado del país. También son los ecuatorianos los que más accidentes mortales sufren en el tajo. Y ante estas tragedias cotidianas no hay repatriación de los restos mortales del trabajador a su país de origen.

Pueblos arrollados por mercados desarrollados
COIN cuenta con un gabinete de asesoría jurídica para informar a los inmigrantes sobre qué hacer ante los habituales abusos que sufren. Contreras nos habla de un caso en el que presta su apoyo la asociación, una gran estafa de la empresa EuroWork Global España, subsidiaria de la estadounidense EuroWork Global Limited, que tramitaba contratos en origen para trabajadores latinoamericanos.

5.300 trabajadores procedentes de Colombia, Ecuador y Perú deambularon a su llegada a España por distintas oficinas durante meses, hasta que se dieron cuenta de que todo era un engaño. “Lo sorprendente es que no se le da cobertura a esa noticia en ningún sitio”, afirma Contreras. COIN simboliza “un intento de autoorganización de los inmigrantes” desde la puesta en marcha de la Ley de Extranjería.

La realidad suena como en las canciones del grupo musical Zebda: los inmigrantes se hacinan en infraviviendas y se levantan antes de que la ciudad abra los ojos para construir los modernos pisos que jamás serán para ellos. En sus barrios nunca reina la paz, porque allá donde no llegan los agentes sociales se hacen efectivos los agentes policiales, y Entrevías posee la más temida comisaría vallecana. Aumenta proporcionalmente el número de inmigrantes y el número de policía secreta en los parques donde el ecuatoriano arrastra su nostalgia con los versos populares que recordara Eduardo Galeano en su Memoria del Fuego: “No se me acerque nadie, háganse a un lado: tengo un mal contagioso, soy desdichado”. En la continuidad de los parques, a las nunca menos cuarto, cada madrugada reponen Babel, mientras algo se resiste a morir dos veces a los pies de un humilde árbol en la calle del Puerto de Balbarán.

Madrid: ¿la suma de todos?
Los datos del padrón madrileño de 2006 hablan por sí solos: los barrios con mayor renta per cápita acogen los porcentajes más bajos de ciudadanos extranjeros, mientras que los barrios más populares (con mayor densidad de población y peores infraestructuras) son los que acogen a la inmensa mayoría de población inmigrante, que también es la más pobre. En Carabanchel viven 250.000 personas, de las cuales casi el 25% es extranjera. Similares porcentajes encontramos en Villaverde o Tetúan.

En el barrio de San Diego, dentro del distrito de Puente de Vallecas, 13.116 de los 42.426 vecinos son extranjeros (más del 30%), una cantidad que es superior a la población extranjera empadronada en distritos enteros como Retiro o Moratalaz, que sobrepasan de largo los 100.000 habitantes, y no quedan muy lejos de las cifras que absorben distritos mucho más grandes y ricos como Salamanca, Hortaleza o Fuencarral-El Pardo. Entre los distritos obreros de Carabanchel y Ciudad Lineal se juntan 100.000 ciudadanos extranjeros empadronados, en su inmensa mayoría latinoamericanos.

Crónica de la "Muestra de Arte de Kalle" (Vallecas)

Junio de 2006. Número 33

VIII MUESTRA DE ARTE DE KALLE DE VALLEKAS

La calle es para los vecinos

Hay momentos especiales en que el bulevar de una ciudad de cemento y automóviles puede llenarse de magia, y en un acto de rebeldía contra la derrota del mundo los vecinos se organizan, juntan sus manos y se encuentran, y el arte popular toma la calle, y ese bulevar en un instante se convierte en circo y teatro, en salón y auditorio, con los habitantes del barrio alrededor de su propia hoguera de sorpresas.

Esto es lo que el colectivo Kontracorriente lleva haciendo cada año en el pueblo de Vallekas desde hace casi una década. Este 10 de junio vivimos la VIII edición de la Muestra de Arte de Kalle. El Paseo Federico García Lorca convertido en un mar de colores, y el barco pirata del ‘Kontra’ navegando río arriba contra la indiferencia. Los corsarios reconquistando el espacio a las insidiosas obras urbanas y al luto del ocio pobre de nuestros días. Vecinos y vecinas de todas las edades: los bucaneros de siempre, los infantes filibusteros con su interminable contrabando de risas, contagiando alegrías en el mismo corro a sus abuelas...

Y sentimos que la tierra agradece todo esto cuando cruje un eco de palmas en las aceras bajo el improvisado tablao flamenco o cuando resuena la batucada en el ladrillo. El aire baila al compás de una danza del vientre en la arboleda, y uno cree que todo es posible, mientras escucha el Todos mirando de Barricada en una divertida versión flamenquilla.

Artistas de calle en el paseo del poeta del pueblo
Desde la mañana hasta bien entrada la noche hubo espectáculos de clowns, titiriteros, payasos, magos, malabares, cuentacuentistas..., y una buena sesión musical a cargo de la incombustible Charanga Tarambana y Kontrabloko, la batucada del barrio.

Entretanto se celebró la tradicional comida popular de todos los años. La gala nocturna nos reservaba una actuación de flamenco y la siempre animada actuación de Samba da rúa como fin de fiesta. José Ángel, del colectivo Kontracorriente, nos cuenta: “Lo más bonito de la Muestra, para mí, es la sonrisa. Te quedas mirando a los críos o a los abueletes con esa carita de asombro, flipaos o riéndose, y te das cuenta de que merece la pena el esfuerzo y que es algo muy especial. Sabemos que en el barrio hay gente que por diferentes causas no suele disfrutar de este tipo de movidas, y por otro lado los artistas de calle tampoco lo tienen fácil, de hecho ése es el punto más fuerte de la Muestra: reivindicar la calle como un espacio abierto y no dejar que nos pongan rejas a lo poco que nos queda”.

El momento más entrañable de este año fue cuando Tito, un vecino al que el barrio le tiene mucho cariño, enganchado a la heroína y que se busca la vida cantando y tocando su guitarra, se acercó emocionado y preguntó si podía tocarse un tema. Los organizadores accedieron y se llevó una ovación enorme, sin duda la más estruendosa de la noche. “Fue un pequeño momento de gloria, de supervivencia y de arte en la calle”, apunta José Ángel.

Cuando la noche se fue adueñando del bulevar ninguna farola iluminaba el paseo, pero sí una inmensa luna llena, como una candela propulsada hacia arriba por un diábolo y suspendida en el aire. La jornada llegó a su fin para descanso de los artistas y los organizadores, todos satisfechos después de haber dado lo mejor de sí mismos. Los vecinos fueron volviendo a sus casas como en el final de un cuento donde el hechizo se va desvaneciendo: con la ilusión de que llegue pronto la próxima edición de la Muestra a las calles del barrio.

Reportaje sobre el cine en el Estado español

Enero de 2007. Número 46

PANORAMA LABORAL CINEMATOGRÁFICO ESPAÑOL

La mítica del cine y el trabajo

El 28 de enero se celebrará en Madrid la XXI Edición de los Premios Goya, galardones anuales que otorga la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España a los profesionales mejor valorados en cada una de las especialidades del sector. Una ocasión idónea para profundizar en las condiciones laborales del mundo del cine en nuestros días.

Cuando nos interesamos por la salud de nuestro cine, lo primero que hacemos es echar un vistazo a la cartelera. El porcentaje de taquilla del cine español en el Estado viene a estar, en los últimos años, entre un 10% y un 20% de la recaudación total. Desde DIAGONAL nos adentramos en el universo cinematográfico español de los contratos de fin de obra y las jornadas extenuantes.

José Ángel Lázaro es realizador de la productora 14 Pies Audiovisual de Madrid, y profesor de la Escuela Taller de Cine de Madrid. Entre sus muchos trabajos, destaca el documental que codirigió en 2003, 20-J. Diario de una huelga general. Él nos cuenta: “Yo creo que el mundo del cine es quizá el único sitio donde se asume trabajar tantas horas gratis. La mítica del cine, la cuestión cultural de salir en una película, hace que la gente asuma no cobrar por participar en una peli. Por ejemplo, existe una ley no escrita en el mundo del cortometraje, según la cual, el trabajo en el corto se paga poniéndote en el título de créditos. Y, ante esa realidad tan contradictoria, “no parece haber una respuesta contundente”.

Intermitentes del cine

Hace dos años y medio, un grupo de técnicos cinematográficos (colectivo laboral poblado en su inmensa mayoría por trabajadores eventuales que viajan de obra en obra) inició la aventura de relanzar el sindicato de Técnicos Audiovisuales Cinematográficos Españoles (TACE). Su principal objetivo, protegerse de los abusos que ellos sufren doblemente, ya que por su condición de eventuales no pueden formar comités de empresa estables. Jornadas laborales extenuantes, trabajo en días festivos sin ningún tipo de compensación, salarios retrasados, aplazados o cada vez más frecuentemente impagados... Y sobre todo, un desprecio total por las categorías profesionales de cada trabajador. TACE promueve la negociación de un convenio colectivo que regule las relaciones laborales de una manera justa y equitativa para que nada quede “a juicio de la productora, como tantas veces queda”.

Un caso práctico: cuando un cineasta tiene ya su guión escrito, su plan de rodaje pensado y quiere hacer real la película... ¿qué hacer? La respuesta es sencilla: pedir ayuda. Las películas necesitan de las subvenciones para nacer, como los seres humanos el aire para respirar: hacer cine resulta un arte muy costoso. Durante el año se hacen convocatorias públicas de distintos organismos (comunidades autónomas, Ministerio de Cultura, Unión Europea...) en forma de becas, subvenciones, créditos... Y, lo que es común a todas (ya se quiera hacer un corto, un documental, un largometraje...) es que hay que presentar a las instituciones convocantes un proyecto con su respectivo presupuesto y plan de financiación. La ayuda concedida cubrirá un porcentaje del mismo, nunca más del 50%.

Como en tantas otras disciplinas, el mundo del cine lo forman las grandes productoras, las medianas y las pequeñas. Y éstas últimas protestan porque las ayudas van a parar siempre a los mismos, imposibilitando otro modelo de cine, o el descubrimiento de jóvenes artistas.

Cuando una pequeña productora, por ejemplo, quiere hacer un corto para el que ha calculado unos gastos de 28.000 euros y recibe una ayuda de 6.000, tendrá que replantearse su proyecto. Lo que quería que fueran dos semanas de rodaje, deberá reducirse a una; donde había pensado trabajar con 12 personas, el equipo se reducirá a casi la mitad; y si quiere que técnicos y artistas cobren por el trabajo... sencillamente no podrá llevar a cabo la película. Comienza entonces un baile de números y fórmulas, desde pedir prestado el material (cámaras, focos, máquinas...) a pedir una colaboración gratis a actores, músicos, técnicos... Otra salida posible es grabar con tecnología digital (más barata), pero las instituciones exigen la entrega de material en formato 35 mm., y solamente pasar el vídeo a ese formato en un laboratorio puede costar la ayuda total conseguida.

La salida de las productoras acaba siendo inflar los presupuestos para que la ayuda que llegue pueda hacer real el proyecto. Así existe una doble contabilidad, una real y otra ficticia (la oficial) sobre la cual ajustarlo todo hilando fino para realizar la obra.

La cámara y el trapecio

Aunque cada productora cinematográfica tiene su propia política al respecto, el problema al que se enfrentan todas es el mismo: lanzarse a hacer una película resulta ser como tirarse a una piscina, y el desenlace es incierto. Frecuentemente, en las primeras semanas de rodaje, éste se suspende por falta de fondos y la película se muere. Así, Carmen Frías, de TACE, nos comenta: “Todos los días hay alguna consulta a nuestro gabinete jurídico. Principalmente versan sobre irregularidades en los contratos de trabajo, suspensión de rodajes, Seguridad Social o demás irregularidades laborales como jornadas abusivas, desplazamientos, dietas...”. En la web de TACE (tace.es) podemos encontrar distintas notas de prensa que van haciendo un seguimiento de los procesos judiciales que el equipo de abogados del sindicato abre contra las productoras que, una vez suspendido un rodaje, no pagan los sueldos adeudados a los trabajadores. En estos casos extremos, la mayoría de la plantilla se une en torno al impulso sindical, y el camino, aunque tedioso, suele resolverse con el pago de las cantidades adeudadas.

Al tratarse de un mundo tan dispar (no hay más que imaginarse la diversidad de presupuestos, desde el largometraje comercial de éxito asegurado en taquilla a los injustamente infravalorados cortometrajes o documentales) parece normal asumir también que la ley y los convenios existan, aunque lejos, como en otra película. En el mundo del largometraje es más fácil que se respeten los derechos laborales, pero a medida que ‘descendemos de nivel’, las irregularidades se multiplican. En lugares como EE UU, donde la presión sindical es muy fuerte, los convenios del mundo audiovisual se cumplen al pie de la letra, y a una productora no le salen rentable las horas extras de sus trabajadores, que están completamente profesionalizados. Sin embargo, la situación española es equiparable a la escena francesa y sus ‘intermitentes del espectáculo’, en continua lucha contra el fantasma de la precariedad.

En estos momentos, el Ministerio de Cultura incuba la nueva Ley del Cine, de la que posiblemente en febrero se dará a conocer un texto definitivo. No parece que vaya a suponer la solución a los problemas de los altos costes de producción, ni que vaya a aportar un incremento sustancioso de las ayudas a la creación cinematográfica.

CINE, JUVENTUD Y GÉNERO

Para Lázaro, “hace unos diez años, los jóvenes estaban en la parte creativa y menos técnica del cine, y en minoría. Era claramente un sector masculino. Sin embargo, a día de hoy, la juventud se ha extendido espectacularmente a todos los departamentos, y la mujer hoy en día llega a igualar o superar el número de hombres, aunque en los puestos directivos el ritmo es más lento”. Para Frías, (TACE), “cada vez se incorporan personas más jóvenes pero menos cualificadas a puestos de responsabilidad. Es una de las formas que tienen las productoras de abaratar costes para incrementar sus beneficios”.

LA COMPLEJA HISTORIA DE TACE

El sindicato de técnicos audiovisuales nació como sindicato corporativo frente a las centrales sindicales de clase en el año 1978. Pero, como si de una vuelta a la tortilla de la historia se tratara, en los últimos años, y sobre las certezas de que el sindicalismo mayoritario no pretende combatir este tipo de precariedades (centrado como está en las necesidades de los trabajadores fijos), un grupo de profesionales puso a la adormilada ejecutiva patas arriba y se presentó bajo estas siglas a las elecciones sindicales con reivindicaciones ambiciosas. Y los buenos resultados les animaron a seguir. Desde entonces no han parado de dar guerra sobre un lema que simboliza una declaración de amor: “La defensa de nuestros derechos es la defensa de nuestro cine”. Denuncian que su talón de Aquiles es la Ley de Libertad Sindical, que les niega la legitimidad necesaria para sentarse de igual a igual en la mesa de negociación del convenio colectivo, por su condición de trabajadores eventuales (se exigen seis meses de antigüedad en la misma productora para la celebración de elecciones sindicales previas a la creación de comités de empresa). Recientemente, TACE ha ingresado como miembro de la corriente sindical internacional Union Network Internacional-Global Union, que agrupa a más de 15 millones de afiliados y 900 sindicatos en todo el mundo (130 de ellos pertenecientes a los sectores del arte, audiovisuales, cultura, entretenimiento y medios).