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9/05/2010

Reportaje-crónica de festival Hatortxu Rock

Julio de 2009. Número 106

Zona Especial Norte

El X Hatortxu Rock evocó los comienzos del rock radical vasco. La presencia de RIP fue lo más emotivo de este festival, que se celebra para ayudar a los presos y a sus familiares.

Cada año, por Navidad, mientras en los centros comerciales suena incansable el mismo disco de villancicos, hay quien entona el cántico popular “Hator, hator, mutil etxera”, para pedir que vuelvan a casa los represaliados del conflicto político vasco. Según informa Etxerat, entre los Estados español y francés hay 738 personas presas, que debido a las políticas de dispersión destinadas a castigar a sus seres queridos, se encuentran a una media de casi 700 km de sus familias, que gastan de promedio de 1.637 euros mensuales en ir a visitarlos. Desde 1999, el festival Hatortxu Rock se celebra para recordarlos.

Hatortxu 10 se trataba de una convocatoria especial en verano, formulada como un homenaje al Hatortxu en sí, y a la gente que lo hace posible. Resultaba especial también porque estamos asistiendo a una campaña de criminalización sin precedentes contra los movimientos de apoyo a los presos. Según nos acercamos a Lakuntza, en el precioso valle de Sakana (que hoy sufre los destrozos de las obras del TAV), comenzamos a rememorar el plan ZEN puesto en marcha en 1983, encontrándonos todos los accesos al pueblo tomados por la Guardia Civil. Queda claro de entrada que esto no es el Viña, ni el Festimad. El clima autóctono amenaza lluvia todo el rato, pero por suerte y por las altas dosis de civismo no hay incidentes de ningún tipo.

Zona Especial Norte fue también el nombre del primer trabajo que firmaron los grupos RIP y Eskorbuto de manera conjunta en 1984, en los albores del llamado rock radical vasco. Y aquella banda sonora del programa represivo sonó con fuerza esta edición del Hatortxu: la actuación de RIP fue de lo más impresionante del festival. Un concierto emotivo porque de la formación original sólo quedan dos miembros, y una tromba de invitados fue subiendo a cantar sus canciones ante un público que lo coreaba todo. Otros grupos llevaron también versiones del cajón de los viejos temas de Eskorbuto y Kortatu, aparte de la presencia del incombustible Evaristo (Gatillazo) o Parabellum.

El alto nivel de las bandas y el entusiasmo de la gente unió las viejas canciones de combate con los himnos recientes: qué decir de los directos de KOP, Banda Bassotti, Habeas Corpus o Berri Txarrak… La organización nos habla de diez mil asistentes el viernes y veinte mil el sábado. Jóvenes venidos de todos los rincones de Euskal Herria y del Estado. A pesar de que el cartel de conciertos es impresionante, lo que más sorprende es la capacidad de organización del evento. El número de voluntarios en los taldes de apoyo, según nos contaron, ha rondado los 2.500, que se encargaron desde semanas atrás de segar y acondicionar el inmenso terreno para los escenarios y las zonas de acampada, y velaron por que todo fluyera con respeto hacia el pueblo y el medio ambiente durante los tres días: los accesos en coche, la atención a la gente, los hatortxubuses, las txoznas… en un ambiente que no dejó de ser festivo en ningún momento.

“El pueblo de Lakuntza ha estado trabajando prácticamente para el Hatortxu. Sin ellos y ellas el montaje no hubiera sido posible”, comentan los organizadores. Los grupos musicales vienen participando desinteresadamente, como forma de mostrar su compromiso. Un festival atípico, especial en todos los sentidos, planteado como una “cita con la solidaridad”, y que, al contrario de cualquier otro de la lista de festivales, termina cada vez con el profundo deseo de que sea el último a celebrar.

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