Selección de mis trabajos publicados en el periódico quincenal de información crítica Diagonal desde el año 2006

9/05/2010

Reportaje sobre la Feria Internacional del Libro de Venezuela

Enero de 2007. Número 45

II FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE VENEZUELA 2006

Una feria donde caben muchos mundos

A veces miramos al mundo y leemos en sus ojos que la lógica del beneficio privado le ganó la partida a la cultura. Pero siempre quedan rincones donde laten las resistencias.

En América Latina, Argentina, Cuba y México han sido los grandes referentes continentales para la cultura en general y el libro en particular. En los últimos tiempos, Venezuela se echó a andar siguiendo la brecha abierta, con la intención de abrir nuevas vías a la cultura popular. El proceso bolivariano de transformaciones sociales que está viviendo el país también cambió de forma entusiasta la organización de sus ferias del libro. En el parque del Este de Caracas se celebraba anualmente la Feria del Libro de Caracas, y este año le correspondía su decimotercera edición. Pero lo que se celebró fue la segunda edición de la “rebautizada” como Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN), del 9 al 19 de noviembre, primero en Caracas y después, del 20 al 30 del mismo mes, en 142 municipios de los 23 estados del país. Con Cuba como país invitado de honor. Para Thady Carabaño, organizadora de la feria, el objetivo fundamental de esta descentralización cultural es “democratizar el acceso al libro y a la lectura”.

La Feria acogió, además, el Primer Encuentro Internacional del Libro Alternativo, donde una veintena de editoriales expusieron sus proyectos y participaron en debates sobre los retos del mundo editorial alternativo en el siglo XXI.

Los libros en Venezuela

Para Ramón Medero, presidente del Centro Nacional del Libro (CENAL), esta feria “es el reflejo del nuevo sistema social del libro y la lectura” que se desarrolla en Venezuela. Medero coordina la Plataforma de Política Editorial del Ministerio de Cultura, que conforman diversas instituciones del mundo libresco venezolano, incluyendo todas las áreas que afectan al libro: promoción de la lectura, producción editorial, centros de estudios literarios, distribuidoras, red de librerías y bibliotecas, etc. Sellos como Monte Ávila Editores (la más importante editorial venezolana, de propiedad estatal y que ha sido fuertemente relanzada en los últimos años) o El Perro y La Rana (editorial creada desde el Ministerio de la Cultura para realizar publicaciones masivas de libros y promover la lectura y la creación literaria en el país) también forman parte de la Plataforma.

En los últimos meses se han editado en Venezuela 27 millones de libros de distribución gratuita. La Distribuidora Venezolana del Libro repartió gratuitamente a los visitantes de la Feria una edición en tres tomos de Los Miserables de Víctor Hugo, así como las publicaciones de la Biblioteca Básica Temática, una colección de ensayos de todo tipo (desde el proceso bolivariano a la educación sexual, pasando por la soberanía alimentaria, la ecología, la escuela, las cooperativas agrarias o la maternidad) que ha publicado casi 30 títulos- casi 15 millones de ejemplares- con el objetivo de “fomentar el talento crítico, constructivo y transformador de la comunidad”.

La Feria también sirvió de catapulta para la presentación de los 12 primeros títulos del Fondo Cultural del ALBA (con obras de I. Ramonet, F. Retamar o J. Martí, entre tantos otros), iniciativa surgida al calor de la última Feria Internacional del Libro de Cuba y que estrecha los vínculos culturales entre ambos países.

La Feria en Caracas

Bajo el lema “El libro libera” se dieron cita en el parque del Este más de cien editoriales venezolanas y unas 35 foráneas. Como si de dar la vuelta al “mundo patas arriba” se tratara, la Feria redujo el espacio dedicado a las grandes editoriales multinacionales para dar más y mejor cobijo a las pequeñas casas propias, que aumentaron notablemente en cantidad respecto a la última edición, y a los proyectos alternativos. Los stands fueron poblados por realidades de unos 20 países diferentes, fundamentalmente del mundo de habla hispana. El año pasado, en la Feria de Caracas, las estimaciones fueron de medio millón de visitantes, y en más de 100.000 en los eventos del interior del país (que se llevaron a cabo en otros nueve estados venezolanos). Y este año, en Caracas, se vendieron unos 95.000 libros y las estimaciones hablan de más de 700.000 visitantes.

Encuentro alternativo

Proyectos de alrededor de unas 20 editoriales se dieron cita en el marco de la Feria para analizar la realidad cultural y editorial de los proyectos cooperativos, autogestionados o de propiedad colectiva que intentan caminar con dignidad en el planeta sembrando la diversidad literaria y la creación libre. Editoriales como Libros del Zorzal o Marea (Argentina), Lom (Chile), Trilce (Uruguay), Aurora (Colombia), o tantos otros proyectos latinoamericanos; Zed Books (Reino Unido), Les Allusifs (Francia), o Txalaparta (afincada en Tafalla, Navarra, representó al Estado español), compartieron mesas de debate con proyectos editoriales venezolanos como La Mancha, La Caja de Pandora o Nadie Nos Edita. El visitante, después de asistir a las mesas redondas, se encontraba en los stands con los frutos de estos proyectos en distintas e ingeniosas formas: podía comprar a un precio módico en la caseta de La Caja de Pandora un CD con multitud de textos revolucionarios clásicos y actuales, en formato PDF. Desde los discursos de Chávez o F. Castro a las obras de M. Harnecker o José Carlos Mariátegui, entre tantos otros documentos. Los stands alternativos representan el eco imprescindible de las voces que, estrelladas contra el muro del máximo beneficio (o los muros de la censura y la represión), no llegan hasta nosotros; la caracola que nos permite acercarnos a las culturas minoritarias, a las lenguas más antiguas y a las sensibilidades que no nacieron para las grandes masas de consumo. Espacios donde, como estos editores dicen “ningún pueblo nos es ajeno”.

Pero sin duda lo que más puede asombrar a los ojos occidentales estuvo en el expositor de Sarita Cartonera. Este proyecto comunitario peruano nació en 2004 inspirándose en la aventura creativa y de resistencia Eloísa Cartonera, que hicieron posible dos argentinos en Buenos Aires como respuesta local a la crisis de 2001, en los días en que los recicladores de cartón inundaron la noche bonaerense. Recopilando textos callejeros, fotocopiaban las páginas y encuadernaban humildes ejemplares con el cartón cortado, pintando ellos mismos las cubiertas artesanalmente. Esta ingeniosa forma de vida que abre una ventana en la marginación social de tantos núcleos de población latinoamericanos, se ha ido extendiendo por otros países como Perú o Bolivia (la recientemente alumbrada Yerba Mala Cartonera). Y ahora pretende afianzar los lazos para fortalecer una red cartonera latinoamericana. Autores consagrados como Santiago Roncagliolo ceden los derechos de autor de obras cortas a estas iniciativas, que se encargan de editar en sus talleres verdaderas obras de arte, permitiendo ahuyentar el fantasma de la desesperanza. Además, representan la mejor forma de fomento a la escritura, ya que el grueso de los catálogos lo forman poemas, cuentos y demás expresiones que van llegando directamente a los locales de estas editoriales.

Espejo de un mundo en ebullición, donde los pilares básicos de los cambios sociales se van mostrando cada día más claramente como la participación y la educación transformadora, esta II edición de la FILVEN nos recordó que hay tantos libros como mundos posibles, y con ellos avanza la cultura humana en sus diversas formas cooperativas hacia los horizontes de la cultura popular y la reactivación de las conciencias adormiladas.

LOS LIBROS PRESOS

En la mesa redonda “El reto de la edición independiente frente al mercado globalizado” participó la editora Rosa Ruocco, del proyecto editorial Actis, de Madrid. Ruocco defendió el intercambio cultural como “un principio fundamental de la acción editorial”. Para ella, conocedora del mundo editorial hispanoamericano, no es difícil encontrar ejemplos de la “camisa de fuerza” que supone el mercado español para las ediciones locales. “Esta situación es una realidad para numerosos escritores latinoamericanos, que a la hora de gestionar sus derechos de autor, ceden a las editoriales españolas también los derechos en el territorio de Latinoamérica, sin ser conscientes o sin tener libertad de negociar, por ejemplo, directamente con editoriales de cada país”. Mientras tanto, los stands de las multinacionales son un escaparate donde ofrecer los libros que no tienen salida en el mercado español, y no las novedades editoriales, quedando la difusión literaria y la promoción de autores en función de una cuenta de resultados en un despacho al otro lado del Atlántico. “En algunos casos, el editor no dispone de una red de distribución para todo el territorio, y le bastará con alegar “falta de demanda” para legitimarse”. Ruocco, apelando a la responsabilidad del editor para con el autor y el lector, exigió una cláusula en los contratos (como la que existe para revertir los derechos al autor si en un período de tiempo no es publicada la obra) para que en estos casos el autor pueda buscar libremente un editor en los territorios donde no es distribuida su obra en un plazo razonable. Las editoriales alternativas e independientes del mundo hispanohablante cada vez son más conscientes de la necesidad de llevar a la práctica las coediciones, las colecciones conjuntas, las traducciones y negociaciones mancomunadas para sobrevivir... y encuentros como éste muestran que la cooperación no sólo es posible, sino tan real que sus pasos firmes van escribiendo el futuro con todas las manos y todas las culturas.

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