Noviembre de 2006. Número 42
“La literatura no debe aceptar los pactos de silencio que se dan en la sociedad”
En estos días se cumplen cuatro años del desastre ecológico del Prestige, y el aniversario coincide con la desolación de una tierra quemada durante el verano, cuyas cenizas fueron arrastradas posteriormente al mar para calvario de la naturaleza...
Según Rivas, “se vive la paradoja de que la idea más interiorizada que tenemos de Galicia es una estampa bucólica: el país verde, de naturaleza, de mar; una naturaleza muy singular y muy poderosa. Y asistimos a una especie de maldición bíblica, una ‘negra sombra’, como decía el poema de Rosalía.
Pero es que Galicia se encuentra un poco en primera línea de la sociedad de riesgo. Entró en el siglo XXI con tres crisis muy graves que afectan a lo que Castelao llamaba la ‘santísima trinidad’ de Galicia, los tres tótems que podrían figurar si hubiera unas monedas gallegas: el árbol, la vaca y el pez. Las mareas negras, la llamada peste de las vacas locas con sus piensos fraudulentos, y después los incendios.
Galicia está actuando como una metáfora de lo global, del modelo de globalización que se está dando, ya que no son crisis que podamos atribuir a un dios eternamente enojado, sino que tienen que ver con la acción humana. Pero lo más significativo es que no se ha aceptado ese papel mediático de ‘Galicia: yacimiento catastrófico’ como lo que decía Baudrillard para África. Si algo ha caracterizado a Galicia en muchos momentos históricos ha sido una capacidad de rebelión frente a esa fatalidad”.
Libros incombustibles
Rivas aprendió el oficio “de los que escribían en el aire”, los narradores orales. Recuerda que “mi primer libro fue la memoria de mi madre”. Los poemas de la madre, las historias de nuestros abuelos, ¿no se perdieron en la hoguera de una escuela de megacentros comerciales y videojuegos? Rivas responde, esperanzado: “Es verdad que esa impaciencia capitalista es como si se interiorizara un poco en todos, condicionando el propio lenguaje y la relación entre las personas, los ámbitos comunitarios... Hay momentos en que parece que la desesperación puede más que la esperanza. Pero yo creo que los espacios de esperanza tampoco son tan fáciles de anular. Incluso en esas condiciones de interiorización de la impaciencia, en que el propio cuerpo se siente absolutamente incómodo o huérfano, con espacios de desolación. Pero no creo que las madres dejen de contar historias. Y en todo caso, a veces no son las madres, siempre hay alguien que trasmite un relato, o formas de relato. Yo creo que a lo que no renuncia el ser humano ni siquiera en estas condiciones tan adversas es a los cuentos. Y los cuentos se trasmiten porque la vida tiene vocación de cuento y a veces lo hace de la forma más insólita e imprevisible. Y siempre hay alguien que hace de caracola.
Siempre hay un hilo de leche, la idea aquí de la madre con la memoria sería como el hilo de leche. Y hay soledades que a veces son muy buenas madres”. Uno de los ejes de la novela son los jóvenes libertarios. En su juventud, Rivas estuvo entre los fundadores de la primera radio libre de Galicia. En octubre de 1974, a los tres días de llegar a Madrid para estudiar periodismo, fue detenido en una manifestación estudiantil. Rivas lo recuerda con entrañable humor: “La verdad es que eso entraría más en el sainete..., porque es llegar aquí y como quien dice, la primera vez que sales a la calle y participas en un ‘salto’, y te encuentras en un callejón sin salida. Fue en Princesa, estaban haciendo El Corte Inglés. Y fue muy impresionante, porque salieron los obreros con los cascos y se unieron a la manifestación.
Pero hubo una carga muy grande y yo entré en un callejón sin salida. Mis sucesos y mis episodios son muy poca cosa al lado de lo que pasó realmente con la gente. Pero una dictadura no es una historia que me pille de lejos. Quiero decir, que su ‘larga sombra’ también a mi generación le tocó”. Años más tarde se le abriría un proceso militar por un artículo. Y hace no mucho descubrió su nombre en una “lista de personas a eliminar” el 23-F. “Lo del 23-F recuerdo leerlo con estupor, un estupor secular. De repente verme en lo que es una lista. Y además, dada la historia de este país, sabía que no era una broma. De repente, simplemente la idea de la lista te conecta un poco con todo, y dices ¡joder!, es una lista eterna, secular, que se repite...”.
Inmigración y literatura
Galicia fue paradigma de la busca del milagro del pan. Hoy, esos inmigrantes que levantan nuestras ciudades se topan con un muro de incomprensión y desprecio. ¿Es que no hemos aprendido nada? Rivas responde: “Bueno, para mí es un motivo importante para reflexionar sobre la desmemoria. La propia experiencia debería prepararte para entender mejor al otro. La emigración es uno de los trazos que más marcó la identidad española en la segunda mitad del siglo XX. Atravesar los Pirineos era atravesar también una barrera tremenda.
Y aquí siempre se presenta como ‘no, es que lo nuestro era distinto’, y comparativamente es increíble lo que se puede contar: emigrantes clandestinos entraban en camiones cisterna, o deambulaban con hambre por bosques de Francia y de Suiza. Entrevisté a personas así: uno tenía tanta sed que se metió un trozo de hielo en la boca y le estalló toda la dentadura. Sin embargo, si repasamos lo que es la literatura, el periodismo, el cine... veremos que el tema de la emigración está prácticamente ausente. Y claro, sí ha sido un país de emigrantes pero no existe ninguna conciencia de haber sido un país de emigrantes. En España, la cultura ha sido en gran parte hecha por señoritos, por élites desconectadas.
Hoy escuchas la radio y te preguntas ‘pero, esta gente, ¿nunca tuvo un emigrante en su familia?’. O si lo tuvo, es que no lo sabe. Yo creo que está pasando un poco como lo que pasó con la represión en los años más duros de la dictadura. Lo que pasa es que la literatura no debe aceptar los pactos de silencio que se dan en la sociedad. La literatura tiene que actuar en ese sentido como vanguardia, como un primer círculo concéntrico que se expanda y que impregne a la sociedad. Quizá no sirva para nada en el sentido inmediato, pero sí que puede condicionar la formación de conciencias, por ejemplo influir en el propio periodismo”.
¿Un estatuto para Galicia?
En tiempo de revisión de estatutos de autonomía, algunos con gran estruendo mediático, ¿por qué nadie habla de Galicia? Le preguntamos a Rivas si ve realizable a medio plazo un estatuto gallego donde se hable de autodeterminación. “El tema de la autodeterminación sí que lo veo... Bueno, tendríamos que reflexionar sobre lo que es la autodeterminación, que yo entiendo que es un proceso, y que tiene que ver también con la idea de autogestión, algo de lo que se habla muy poco. Galicia ha estado en stand by; en términos marinos, se ha quedado varada. En la Constitución aparecía como nacionalidad histórica por haber tenido estatuto de autonomía en período republicano; se aprobó en las Cortes, cuando se reunía el Parlamento en Montserrat, en 1937. Galicia estaba ocupada ya militarmente por el fascismo, pero el estatuto se había aprobado en referéndum en el 36, antes del golpe. Y entonces Galicia aparecía en el mismo estatus y dentro de un horizonte de España federal con Cataluña y el País Vasco. Uno de los objetivos que tuvo esa derecha protofranquista que se prolongó tanto en el tiempo fue neutralizar esa corriente que podría habernos permitido caminar mucho mejor hacia una España federal, sin tanta desigualdad.
Porque ahí, Galicia, frente a la idea del nacionalismo como se nos presenta a veces, como un egoísmo de ‘más poder para las burguesías locales’, podría haber aportado un elemento de armonía, ya que es un ‘nacionalismo de los pobres’. Pero ahora va Galicia con el paso cambiado, detrás, con retraso y además totalmente pendiente del boicot o no de la derecha. Y en eso estamos. Es decir, han cambiado un poco las cosas, ha cambiado el gobierno, pero no sabemos si saldrá vino o vinagre”.
EL HOGAR NÓMADA
“Yo soy, aunque suena tremenda la palabra, muy simbiótico. Es el modus vivendi de mucha gente en Galicia, y esa dispersión es un rasgo muy peculiar no sólo en la península, sino en toda Europa. Hay tantos núcleos de población en Galicia como en todo el resto de España. Y creo que la forma en que las personas viven en el territorio condiciona bastante la forma de pensar y muchas cosas. A veces la identidad se establece haciendo hincapié en otros aspectos; yo creo que la forma de relacionarse con el territorio es decisiva. Y hoy ese modo de vida está en un momento de convulsión tremenda, una crisis de la que puede salir, como decía el otro, o vino o vinagre. Y yo vivo un poco entre el vino y el vinagre. La dicotomía campo-ciudad hoy no se puede manejar en el sentido tradicional. Ha cambiado muchísimo. Hoy deberíamos hablar de otra sociología, de un espacio más mixto, de ‘hogar nómada’. Para ponerlo con una imagen: yo vivo mucho en una aldea de la Costa da Morte, y convives con gente en el propio entorno de la casa que planta maíz intentando el modelo de la agricultura ecológica, continuando lo que era la forma tradicional, y hay muchas plantaciones alrededor de maíz transgénico. Tú miras desde la ventana y es como leer en un libro, ves un mapa de lo que está pasando a través del maíz”.
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